El jefe de la cartera política del gobierno Petro llegó este sábado a la capital del Atlántico para una “reunión social”. Lo recibieron con aplausos y un título
El jefe de la cartera política del gobierno Petro llegó este sábado a la capital del Atlántico para una “reunión social”. Lo recibieron con aplausos y un título: “el futuro alcalde”. Detrás hay números concretos, alianzas de largo aliento y una disputa de poder que cambia el mapa político del Caribe.
Armando Benedetti no llegó al hotel Marriott de Barranquilla a descansar. Llegó a medir. A las pocas horas de su arribo, el ministro del Interior ya había dicho en cámara lo que en el petrismo se susurraba desde hace meses: “Tengo ganas. Puede que sea una decisión tomada.”
La frase, pronunciada ante micrófonos de varios medios a la salida de una reunión privada convocada por el senador Pedro Flórez, no fue un desliz. Fue una declaración de intención con audiencia controlada: los principales líderes del Pacto Histórico en el Atlántico, dos senadores, tres representantes a la Cámara, un concejal, los rectores de la Universidad del Atlántico y la Universidad Autónoma del Caribe. El propio Benedetti publicó la lista en sus redes. No había nada informal en esa informalidad.
Las elecciones de alcaldes y gobernadores son en octubre de 2027.
Faltan 19 meses. Y sin embargo, la pelea por Barranquilla ya empezó.
El piso electoral: los números del 8 de marzo
Para entender la confianza de Benedetti, hay que leer primero los resultados del 8 de marzo. El Pacto Histórico no solo ganó las elecciones legislativas a nivel nacional con 4,4 millones de votos y 25 curules en el Senado —cinco más que en 2022—. Lo hizo con un desempeño específico en el Atlántico que reconfiguró el tablero local.
En Barranquilla, el Pacto Histórico obtuvo 167.250 votos al Senado, equivalentes al 27,61% del total, quedando como la primera fuerza política de la ciudad en esa contienda. En la Cámara de Representantes, la coalición alcanzó 156.352 votos, el 26,92% del total. 
A nivel departamental, el Pacto Histórico se ubicó como la segunda fuerza política del Atlántico con 269.814 votos, lo que le permitió quedarse con dos curules en la Cámara, ocupadas por Jaime Santamaría Acosta y Andrea Vargas De la Hoz.  En el Senado, Pedro Flórez renovó su curul representando al departamento junto a Agmeth Escaf, dos nombres directamente vinculados a la red de Benedetti.
Cambio Radical, el partido del charismo, obtuvo 297.678 votos en la Cámara del Atlántico, equivalentes al 30,49% del total, y se mantuvo como primera fuerza departamental con tres curules.  Pero la brecha se cerró de forma significativa respecto a 2022: entonces Cambio Radical sacaba 309.249 votos. Hoy saca menos. El petrismo, por el contrario, creció.
Ese crecimiento tiene un arquitecto. Fue Benedetti quien articuló la campaña del Pacto Histórico en la región Caribe, tejió los acuerdos que permitieron que candidatos como Flórez y Santamaría llegaran al Congreso, y mantuvo activa una red territorial que hoy le pertenece. Los votos del 8 de marzo son su tarjeta de presentación para 2027.
La red: el clan Torres, el socio que suma estructura
La reunión del Marriott no se entiende sin leer la arquitectura de poder detrás de Pedro Flórez. Flórez es el esposo de Karina Llanos Torres, diputada del Atlántico. Su cuñada es Martha Villalba, representante a la Cámara cuyo nombre suena en paralelo para la Gobernación del Atlántico. Benedetti le cedió su cupo en la lista cerrada al Senado del Pacto Histórico a Flórez, integrante de esta casa política, que llegó al petrismo justamente de la mano de Benedetti. 
El clan Torres es una pieza central del engranaje. El empresario Euclides Torres —cuñado de Villalba— estuvo celebrando en el apartamento de Petro en Bogotá el domingo de la elección presidencial de 2022, donde estaba el círculo más cerrado del ahora presidente electo.  No es una alianza reciente ni de conveniencia: es una sociedad política construida durante una década en la que los Torres han combinado con eficacia política y capacidad de contratos en el Atlántico.
Para una candidatura a la Alcaldía de Barranquilla, el valor de esa alianza es concreto: estructura territorial en los municipios del Atlántico, capacidad de movilización en sectores populares y una red de líderes barriales que el Pacto Histórico ha ido construyendo con paciencia desde 2022.
El precedente universitario: la batalla que reveló las ambiciones
El movimiento de Benedetti sobre Barranquilla no empezó este sábado. Empezó, de manera más discreta pero igualmente reveladora, en octubre de 2025, en los pasillos de la Universidad del Atlántico.
La disputa por el control de la Universidad del Atlántico desencadenó una de las batallas políticas más intensas en la región Caribe, donde los clanes más influyentes —el clan Char, Armando Benedetti y el exsenador Eduardo Pulgar— desplegaron toda su maquinaria para asegurar la rectoría de la institución para el periodo 2025-2029. Detrás de esta contienda había intereses políticos y económicos de gran magnitud, ya que la universidad administra un presupuesto anual cercano a 500.000 millones de pesos. 
Benedetti impulsó la candidatura de Wilson Quimbayo Ospina, abogado y profesor identificado como la carta del Gobierno nacional, y lo respaldó públicamente con una fotografía y un mensaje de apoyo en redes sociales.  Quimbayo, además, era cercano al clan Torres de Puerto Colombia. Era, en esencia, el candidato de toda la coalición Benedetti-Torres aplicada al ámbito universitario.
La batalla la perdió Benedetti. Terminó elegido rector Leyton Barrios Torres, quien logró el apoyo del patriarca Fuad Char y del gobernador Eduardo Verano, con cinco de los nueve votos del Consejo Superior.  El charismo demostró que aún controla los mecanismos institucionales del Atlántico cuando se lo propone.
Pero el desenlace tuvo un giro. El Ministerio de Educación Nacional ordenó el reemplazo temporal de Barrios Torres como rector de la Universidad del Atlántico, y Benedetti sostuvo públicamente que el rector electo había presentado documentos falsos sobre su experiencia docente en universidades extranjeras.  La batalla universitaria terminó siendo un empate técnico: el charismo puso al rector, pero el gobierno lo sacó. Ninguno de los dos controló el resultado final.
Lo que importa para el análisis político no es quién ganó la rectoría. Es que Benedetti libró esa batalla activamente, con candidato propio, con recursos del gobierno nacional y con la red Torres como aliada. Ese mismo esquema —Gobierno + Torres + aparato territorial— es el que ahora se activa para Barranquilla.
El actor: quién es Benedetti en Barranquilla
Armando Benedetti nació en Barranquilla en 1967. Es comunicador social egresado de la Universidad Javeriana. Fue concejal de Bogotá, representante a la Cámara y senador por cuatro períodos consecutivos entre 2006 y 2022, período en el que presidió el Senado en 2010. Fue uno de los principales articuladores de la campaña presidencial de Gustavo Petro en el Atlántico, donde el hoy presidente obtuvo más del 60% de los votos en segunda vuelta. 
Pero su peso en la región tiene un límite que los números documentan: su caudal electoral no está en Barranquilla, donde solo sacó 3.908 de sus 72.000 votos al Senado en 2018.  Es un político del Caribe, no necesariamente de Barranquilla. En una contienda local donde la identidad territorial pesa, esa distinción importa.
El ministro enfrenta además investigaciones en la Corte Suprema de Justicia y está, al igual que el propio presidente Petro, en la lista de la Oficina de Control de Bienes Extranjeros de Estados Unidos (OFAC).  La inclusión en esa lista es un activo político ambiguo: genera rechazo en sectores de opinión, pero en electorados populares suele leerse como persecución del establecimiento. Benedetti lo sabe y lo usa.
Lo que está en juego: tres escenarios
El primero es interno al petrismo. Al momento, nada está definido en el interior del Pacto Histórico para el camino hacia las regionales.  Martha Villalba tiene su propia base y sus propias ambiciones para la Gobernación. Una fractura interna entre dos sectores de la misma coalición podría debilitar la apuesta antes de que comience. El petrismo necesita unidad si quiere competir de verdad.
El segundo es la respuesta del charismo. La Alcaldía de Barranquilla es uno de los cargos más codiciados del país por su peso económico, político y simbólico. En los últimos años ha sido dominada por el grupo Char, con fuerte influencia en el Congreso y en la política regional. 
Alejandro Char termina mandato en enero de 2028. Sus herederos políticos necesitan consolidar un sucesor. La irrupción de Benedetti como carta petrista acelera ese proceso: el charismo tendrá que moverse antes de lo previsto.
El tercero es la opinión pública barranquillera. Benedetti llega con el lastre de un gobierno Petro con aprobación nacional baja. Barranquilla es una ciudad que ha valorado la gestión concreta —infraestructura, movilidad, renovación urbana— por encima de la ideología. Un candidato que no construya un discurso local separado del relato nacional pagará ese costo en las urnas.
Lo que Benedetti dijo y lo que no dijo
Dijo que Barranquilla “tiene que ser la primera ciudad de Colombia, del Caribe. No hablo del Caribe colombiano, hablo del mar internacional.” Es una declaración de ambición, no de programa. No hay una sola propuesta concreta detrás. Pero en política, la ambición es el primer paso.
También dijo, con precisión quirúrgica: “Todo depende del Pacto Histórico, de lo que vayan a hacer, porque ellos son los dueños de los votos.” Y que no depende de lo que ocurra en las elecciones presidenciales para materializar esa aspiración.  Es una frase que parece modesta pero que es lo contrario: Benedetti ya sabe que esos votos están alineados con su nombre.
Benedetti no fue al Marriott de Barranquilla a una reunión social. Fue a encender un motor que lleva años calibrando: los votos del 8 de marzo en el Atlántico, la red de la casa Torres-Villalba, el músculo del gobierno nacional y una narrativa de disputa contra el poder establecido son los cuatro pilares de una candidatura que, a juzgar por sus propias palabras, ya está tomada.
La batalla universitaria de 2025 fue el ensayo general. Los resultados del 8 de marzo fueron la validación electoral. Lo que falta no es la decisión. Lo que falta es el momento para anunciarla.
El charismo lleva veinte años gobernando Barranquilla. Por primera vez en mucho tiempo, tiene un rival con nombre, con estructura, con votos y con ganas.
Los números ya hablan. Falta que la ciudad los escuche.