Acento llega con edición impresa a las cuatro ciudades más importantes del país con la guía electoral más completa de la campaña

Por Redacción Acento

La edición especial de mayo compara los planes de gobierno de Cepeda, De La Espriella y Valencia en los temas que le importan a cada familia colombiana. Sin pro

Acento llega con edición impresa a las cuatro ciudades más importantes del país con la guía electoral más completa de la campaña

La edición especial de mayo compara los planes de gobierno de Cepeda, De La Espriella y Valencia en los temas que le importan a cada familia colombiana. Sin propaganda. Solo los hechos.

A tres días de las elecciones presidenciales del 31 de mayo, Acento Colombia distribuye más de 100 ejemplares físicos de su edición especial de elecciones en Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla, poniéndole en las manos a líderes empresariales, dirigentes políticos, rectores universitarios y tomadores de decisión el único resumen comparativo de los planes de gobierno de los tres candidatos con mayor intención de voto en el país.

La separata, de ocho páginas a color, responde una pregunta que las encuestas hacen urgente: un cabeza a cabeza entre Cepeda y Abelardo y Paloma Valencia buscando ganar terreno. A su vez, millones de colombianos llegan a urnas este domingo sin haber leído un solo punto de los programas de gobierno.

Acento lo leyó por ellos.

Lo que proponen. Lo que ya pasó donde lo hicieron.

La separata no es un análisis de imagen. Es una comparación de propuestas concretas sobre economía, salud, educación, pensiones, seguridad y modelo de Estado, enfrentadas a los antecedentes verificables de países que aplicaron políticas similares.

El programa de Iván Cepeda tiene 433 páginas. Propone que el Estado dirija la producción, cree el Banco del Pueblo y controle qué empresas crecen. En salud, plantea eliminar las EPS y construir un sistema único estatal. El semanario documenta el precedente: Venezuela aplicó control estatal de producción desde 2003; hoy su salario mínimo equivale a 4 dólares mensuales. Cuba tiene salud estatal desde 1960; sus médicos ganan 50 dólares al mes. La palabra “poder constituyente” aparece en el programa de Cepeda en las páginas 138, 246 y 271.

Abelardo De La Espriella, con 13 propuestas en el documento País Milagro, parte de un diagnóstico sin eufemismos: Colombia no es un país pobre, es un país empobrecido. Propone un ajuste fiscal de 70 billones de pesos, crecimiento del 7% anual —comparable al de Corea del Sur y Singapur en su etapa de despegue— y un plan de choque de 10 billones para el sistema de salud en los primeros 90 días. Sus espejos son positivos: los mismos modelos que funcionaron.

Paloma Valencia y su fórmula Juan Daniel Oviedo presentan 111 puntos numerados, cada uno con responsable identificado y métrica de éxito verificable públicamente desde el primer día de gobierno. Propone crecer al 5% anual, inyectar 9 billones al sistema de salud con destinación específica, y reducir la burocracia en el 25% del gasto de funcionamiento del ejecutivo. Es el único plan de campaña que puede ser auditado punto por punto por cualquier ciudadano.

La distribución como declaración editorial

Que una publicación impresa llegue físicamente a las cuatro ciudades con mayor concentración de poder decisional del país no es un dato logístico. Es una declaración sobre el tipo de periodismo que Colombia necesita en vísperas de una elección que, según los analistas, podría definirse en segunda vuelta el 21 de junio.

Para que un candidato gane directamente el 31 de mayo debe obtener la mayoría absoluta —la mitad más uno de los votos válidos—. Si ninguna fórmula supera ese umbral, las dos más votadas avanzan al balotaje. En ese escenario, la diferencia entre ganar y perder se juega en los votos de quienes aún no han decidido. Y quienes aún no han decidido, en su mayoría, no han leído los programas.

La edición especial está disponible también en acentocolombia.com y en los canales digitales del semanario.

Colombia no vota el domingo por un nombre. Vota por un modelo de Estado. La diferencia entre leer el programa y no leerlo es exactamente la diferencia entre elegir y delegar. Acento puso los hechos sobre la mesa. El voto es suyo.