La silla estaba ahí. Blanca. Vacía. José Manuel Restrepo esperaba sentado frente a las cámaras de Canal 1. Aida Quilcué no llegó. No es una imagen. Es un hecho
La silla estaba ahí. Blanca. Vacía. José Manuel Restrepo esperaba sentado frente a las cámaras de Canal 1. Aida Quilcué no llegó.
No es una imagen. Es un hecho verificable, transmitido en vivo ante el país.
Portafolio, Acento, Canal 1 y Vélez por la Mañana le enviamos la invitación formal. No respondió la carta. No respondió los mensajes. No respondió a los intermediarios que movilizamos para llegar a ella. El silencio fue completo y sostenido.
Lo que sí llegó fue un trino. A las 7:20 p.m. del 10 de junio, cuarenta minutos antes de la transmisión, Quilcué publicó en X una respuesta a Restrepo en la que lo acusó de “juego sucio y racista” y anunció que no asistiría.
Restrepo ya estaba en el set cuando ella publicó.
El orden de los hechos importa. Quilcué no declinó con anticipación para que el debate pudiera reorganizarse. Esperó hasta cuarenta minutos antes del aire, con el set armado, el equipo técnico listo y su contendor sentado, para publicar una acusación que no admitía réplica inmediata. Eso no es una posición política. Es una táctica.
Colombia decide el 21 de junio. Este debate era el único espacio donde los colombianos podían ver a las fórmulas vicepresidenciales responder preguntas de periodistas, frente a frente, en condiciones iguales. Quilcué lo evitó. La razón que dio fue un trino. La evidencia que dejó fue una silla vacía en televisión nacional.
Un gobierno que promete incluir a todos empieza, necesariamente, por incluir el debate. Por sentarse. Por responder. Lo que ocurrió el 10 de junio apunta en la dirección contraria.