Colombia acaba de escribir una página nueva. Abelardo y José Manuel tienen el mandato. Pero hay algo que no podemos ignorar. Descontando el empleo militante, la
Colombia acaba de escribir una página nueva. Abelardo y José Manuel tienen el mandato. Pero hay algo que no podemos ignorar.
Descontando el empleo militante, las presiones de grupos armados y todo lo que ya sabemos — hay una verdad que duele y que tenemos que decir en voz alta: una parte grande de este país genuinamente no se siente representada. Vive mal. Peor que antes. Y Petro, que llegó prometiendo ser su redentor, terminó siendo su verdugo.
Eso no lo podemos pasar por alto con un aplauso y a seguir.
Hoy quiero hablarle directamente a mis amigos empresarios, a mis colegas, a los que hemos tenido la valentía y la fortuna de construir algo en este país.
Tenemos una deuda.
No de culpa. De responsabilidad.
Nosotros sabemos lo que se siente cuando alguien te abre una puerta, te da una oportunidad, te enseña que hay otro camino. Muchos de nosotros tuvimos ese padrino — a veces sin saberlo. Un mentor, un socio, un cliente que creyó primero.
El problema de Colombia no es solo político ni económico. Es de acceso. Es de quién conoces, quién te cree, quién te incluye en su red.
Y eso sí está en nuestras manos.
Mi propuesta es simple:
Volvamos padrinos de al menos uno de los que nos rodean.
Un colaborador. Un vecino. Un joven con hambre de crecer pero sin mapa. Alguien que está atrapado — no por falta de capacidad, sino por falta de palanca.
No estoy hablando de caridad. Estoy hablando de inversión humana.
Enséñale a ahorrar, a facturar, a vender, a pensar distinto. Abre una puerta. Presenta a alguien. Dale herramientas.
Comparte lo que sabes.
El país que queremos no lo construye un solo gobierno. Lo construimos nosotros, empresa a empresa, persona a persona, oportunidad a oportunidad.
La patria milagro no es la agenda de Abelardo y José Manuel.
Es la agenda de todos.
Que este cambio no nos encuentre esperando. Que nos encuentre construyendo.