Plazas Vega, ¿héroe de la Patria? Columna de Esperanza Anzola Mora

Por Esperanza Anzola Mora

A 41 años del Palacio de Justicia, la hermana de la abogada Gloria Isabel Anzola de Lanao responde a quienes llaman héroe al coronel (r) Plazas Vega.

Plazas Vega, ¿héroe de la Patria? Columna de Esperanza Anzola Mora

En el contexto actual de Colombia, resulta profundamente preocupante y doloroso observar cómo las figuras del poder pueden trivializar el pasado y desvirtuar la memoria colectiva de un pueblo. La reciente declaración del Presidente de la Espriella, calificando al coronel (r) Luis Alfonso Plazas Vega como un «héroe de la Patria», ha encendido la indignación de quienes hemos sido afectados por los horrores de la violencia. Esta aseveración no solo ignora el sufrimiento de innumerables familias, sino que se erige como un insulto a la memoria de aquellos civiles que perdieron la vida en una situación de violencia injustificada, como la trágica retoma del Palacio de Justicia en noviembre de 1985.

Calificar a alguien de “héroe” conlleva la responsabilidad de reconocer actos de valentía que se alinean con el respeto por los derechos humanos y la vida. Sin embargo, quienes dispararon contra civiles, quienes llevaron a cabo actos que resultaron en la muerte y la desaparición forzada de personas inocentes, no pueden ser considerados héroes bajo ningún parámetro moral o ético. Este tipo de enaltecimiento de figuras cuyas acciones llevaron al sufrimiento de tantos, no solo redibuja la narrativa histórica, sino que también perpetúa la impunidad y la falta de justicia que ha plagado a nuestro país durante décadas.

Como hermana de la abogada Gloria Isabel Anzola de Lanao, víctima del ataque del 6 y 7 de noviembre de 1985, respaldo de manera firme el pronunciamiento de los hijos de los magistrados asesinados en esa fatídica jornada. Su valentía para alzar la voz y recordar a quienes fueron brutalmente silenciados es un acto de dignidad que nos invita a todos a no olvidar el pasado. La memoria es un ejercicio colectivo, y aquellos que intentan borrar capítulos tan dolorosos de nuestra historia están, en efecto, condenados a repetirlos.

Es desgarrador ver cómo a 41 años de esa tragedia, hay quienes siguen intentando reescribir la historia, distorsionando los hechos y convirtiendo a los perpetradores en figuras de honor. La política a menudo se convierte en un escenario donde se celebra la desmemoria, y la verdad se oculta en un laberinto de intereses que no buscan justicia, sino consolidar narrativas convenientes.

El dolor persiste, y las heridas continúan abiertas para las miles de familias que aún cargan con el peso de la pérdida. En este sentido, resulta inaceptable que un Presidente, quien seguramente era muy joven durante la retoma del Palacio de Justicia, se permita jugar con el dolor ajeno al calificar a Plazas Vega como un héroe. Las decisiones tomadas en aquel entonces impactaron la vida de personas inocentes. La reciente nominación de Plazas Vega como Embajador de Colombia en Perú, pone de relieve un preocupante sentido de privilegio y desdén por las víctimas. La elección de figuras como él para representarnos en el exterior es una afrenta a la verdad, y un recordatorio de que aún queda mucho por hacer para alcanzar una justicia genuina y una reconciliación real en nuestra nación. Es fundamental que como sociedad aprendamos de nuestros errores y trabajemos hacia un futuro más justo, donde la memoria de las víctimas no se convierta en polvo, sino en un faro que guíe nuestro camino hacia la verdad y la reconciliación.

Nota de la redacción: el coronel (r) Luis Alfonso Plazas Vega fue absuelto por la Corte Suprema de Justicia en diciembre de 2015 por los hechos de la retoma del Palacio de Justicia.

Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad de su autora y no representan necesariamente la posición de Acento.

Foto: archivo, retoma del Palacio de Justicia, noviembre de 1985.