Diez años después, Colombia por fin dijo ante la ONU lo que viven millones de colombianos: el pacto con las FARC no trajo la paz que prometió. Defender la paz e
Diez años después de la firma del Acuerdo de Paz con las FARC, Colombia por fin dijo en voz alta, ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, lo que millones de colombianos viven todos los días: el pacto no trajo la paz que prometió. Lo dijo el embajador Mauricio Gaona, y tiene razón.
«No somos un país que esté disfrutando de los beneficios del proceso de paz; al contrario, luchamos contra sus consecuencias», afirmó Gaona el pasado 30 de octubre. Algunos se escandalizaron. Nosotros celebramos que, por primera vez en años, la voz de Colombia en Nueva York no sea la de una campaña publicitaria, sino la de un Estado que mira la realidad de frente.
Las cifras que nadie quiere oír
Los datos que presentó el embajador deberían avergonzar a quienes durante una década vendieron el acuerdo como un éxito sin matices. Según sus cifras, los grupos armados ilegales pasaron de 1.050 a 10.517 integrantes; entre 2022 y 2026 se registraron 452 masacres, con 1.579 víctimas. Y en reparación, la deuda es todavía más escandalosa: el 43 % de los bienes reportados por las antiguas FARC no sirve para reparar a las víctimas, el 82,7 % del dinero en efectivo nunca fue entregado y apenas 2.356 víctimas han sido reparadas.
¿Un acuerdo «final, estable y duradero»? Que se lo pregunten a las familias del Catatumbo, del Cauca o del sur de Bolívar, que siguen sufriendo homicidios, secuestros, extorsiones, desplazamientos y el reclutamiento de sus hijos.

Las víctimas, no los victimarios
La frase más poderosa de su intervención resume lo que este país olvidó durante años: «El verdadero sacrificio en cualquier proceso de paz lo hacen las víctimas, no los victimarios. La paz no la hacen quienes firman y aparecen en las fotos».
Durante una década, el mundo aplaudió la foto de La Habana mientras en los territorios las estructuras criminales se multiplicaban, los cultivos de coca crecían y la Paz Total del gobierno anterior premiaba a los violentos con mesas, beneficios y tiempo. Ese relato idealizado, repetido en foros internacionales, se volvió una coartada para no exigir resultados.
Defender la paz es exigir justicia
Gaona fue claro: el Gobierno no está en contra de la paz, está en contra de la impunidad. Y el Consejo de Seguridad lo entendió. Los 15 miembros aprobaron por unanimidad renovar la Misión de Verificación hasta 2027, con el enfoque que pidió Colombia: concentrarse en la reincorporación y las garantías de seguridad, mientras la reforma rural queda en manos de las instituciones nacionales. Hasta Estados Unidos celebró que un Gobierno «dé un paso al frente y asuma el liderazgo» en lugar de pedir mandatos interminables.
Decir la verdad sobre el Acuerdo no es atacar la paz. Es el primer paso para construirla en serio, con justicia, seguridad, reparación y presencia del Estado. Colombia no necesita seguir siendo un «modelo» en los discursos ajenos; necesita que sus víctimas por fin sean reparadas y que sus territorios sean libres. En eso, el embajador Gaona habló por la mayoría de los colombianos.
Este es el editorial de Acento. Foto: Cancillería.