Cuba entre el abismo y la mesa: lo que Díaz-Canel no puede decir

Por Redacción Acento

Acuerdos entre Cuba y Estados Unidos

El discurso de este viernes confirma que el régimen cubano ya no tiene margen para sostener la retórica de siempre. La pregunta no es si habrá negociación con Washington. Es a qué precio.

Este viernes 13 de marzo, Miguel Díaz-Canel compareció ante los medios estatales cubanos para abordar “asuntos del acontecer nacional e internacional” , en lo que el oficialismo presentó como una continuación del discurso del 5 de febrero. El contexto, sin embargo, es radicalmente distinto al de hace seis semanas. Cuba ya no está en el umbral de la crisis. Está dentro de ella.

La crisis cubana de 2026 arrancó el 3 de enero, cuando las fuerzas armadas estadounidenses derrocaron a Nicolás Maduro en Venezuela, bloquearon el suministro de petróleo hacia la isla y declararon como objetivo el cambio de régimen en Cuba para finales de este año.  Desde entonces, el reloj corre en contra de La Habana.

El panorama interno no admite eufemismos. La falta de combustible ha impedido la cosecha de cultivos, interrumpido los sistemas de agua y hospitalarios, y acumulado basura por toda La Habana y otras ciudades. El gobierno cubano ha cerrado escuelas y universidades y limitado el transporte público.  Las sanciones estadounidenses han privado a Cuba de cerca de 8.000 millones de dólares en ingresos desde marzo de 2024 hasta febrero de 2025, una pérdida casi 50% mayor frente al período anterior. 

Frente a ese escenario, la postura oficial oscila entre la apertura calculada y la resistencia ideológica. Díaz-Canel ha señalado que Cuba está dispuesta a dialogar con Washington “sobre cualquiera de los temas que se quiera debatir”, pero con condiciones: sin presiones, sin precondicionar, en posición de iguales y con pleno respeto a la soberanía cubana.  Lo que el régimen no está dispuesto a negociar, precisó su vicecanciller, es su propio sistema constitucional.

Trump, por su parte, ha respondido con una mezcla de zanahoria y garrote. El presidente estadounidense confirmó que su administración inició negociaciones con “los más altos mandos del régimen cubano” y afirmó que confía en alcanzar un acuerdo, al tiempo que calificó a Cuba como una “nación fallida” al borde del colapso.  Washington también ha confirmado que el cambio de régimen en Cuba es un objetivo para finales de 2026. 

El problema de fondo es que los discursos de Díaz-Canel han perdido credibilidad antes de pronunciarse. Analistas señalaron que el discurso de febrero fue una “magistral pieza” sobre cómo un gobierno emite un mensaje desconectado de la realidad, lo que profundizó el desplome de la legitimidad política del mandatario.  Economistas advirtieron que sin libertades económicas, derechos civiles y mercados reales, el discurso oficial seguirá siendo retórico mientras la crisis se profundiza. 

Lo que está en juego, en definitiva, no es la supervivencia del discurso. Es la supervivencia del régimen. La ONU ya advirtió que Cuba puede colapsar si continúa el embargo petrolero.  El margen para retóricas de resistencia se mide ahora en semanas, no en años.

La lectura de Acento: Washington no necesita invadir Cuba. Solo necesita esperar. El verdadero dilema de Díaz-Canel es que negociar implica ceder poder, y no negociar implica perderlo todo. Ningún discurso televisado resuelve esa ecuación.