El procurador: el adulto en la sala

Por Redacción Acento

El procurador: el adulto en la sala

El procurador: el adulto en la sala

Las elecciones no se pierden el día de la votación. Se erosionan antes, cuando las reglas empiezan a volverse opinables.

Colombia está a 10 días de su primera de tres jornadas electorales de 2026 con un ambiente caldeado. El Gobierno presiona su agenda. La oposición desconfía. El debate público se ha desplazado del argumento a sembrar sospecha. En ese ambiente, el margen entre firmeza institucional y exceso político se vuelve estrecho.

Ahí es donde importa el Procurador.

Gregorio Eljach no organiza elecciones ni cuenta votos. Vigila la conducta de quienes ejercen poder. Parece un detalle técnico. No lo es. En periodos electorales, el control disciplinario es una forma de equilibrio.

En los últimos días ha hecho algo simple: recordar límites. Reiterar que la participación en política de los funcionarios tiene límites claros. Advertir que el proceso electoral exige neutralidad administrativa. Nada más.

Y nada menos.

En tiempos de división, la tentación natural del poder es ampliar su campo de acción. No es un juicio ideológico. Es una constante histórica. Por eso el diseño constitucional distribuye funciones y crea órganos de control. No para obstruir. Para contener.

Cuando el Ejecutivo tensiona el ambiente político, la respuesta institucional no puede ser emocional. Tiene que ser jurídica. Eljach ha optado por esa ruta.

Esa sobriedad envía una señal que los actores de alto nivel entienden bien: las reglas siguen vigentes.

Las elecciones no son del Gobierno. Tampoco de quienes lo enfrentan. Son del Estado. Y el Estado funciona cuando cada órgano cumple su competencia sin invadir la del otro.

En política, la posición importa más que el volumen. Quien ocupa el rol de garante no necesita gritar. Le basta con agarrarse de la Constitución y la ley.

Hoy el país no requiere eternos discursos ni divagaciones. Requiere adultos institucionales.

El Procurador no está para agradar ni para confrontar. Está para garantizar que el proceso electoral transcurra dentro de la ley. Si mantiene esa línea, su papel pasará a la historia como uno de los guardianes de la Democracia.

Y en momentos como este, eso es lo que sostiene a la sociedad.