Atlántico lidera la transición energética en Colombia: 948 MW instalados

Por Redacción Acento

El departamento acumula la mayor capacidad renovable en operación del país. Pero los datos también revelan los cuellos de botella que amenazan la seguridad eléc

El departamento acumula la mayor capacidad renovable en operación del país. Pero los datos también revelan los cuellos de botella que amenazan la seguridad eléctrica nacional para 2027.

Hay un número que resume la nueva geografía energética de Colombia: 948,2 MW. Esa es la capacidad en fuentes renovables que el Atlántico tiene en operación o en pruebas, según el balance sectorial de 2026. Otros 29,4 MW están en construcción. Ningún otro departamento del país supera esa cifra.

El dato no es un accidente. Es el resultado de una convergencia de factores — disponibilidad de suelo, estabilidad en el relacionamiento comunitario, acceso a redes de transmisión y un ecosistema empresarial activo — que permitió al departamento convertir proyectos en realidad mientras buena parte del mapa energético nacional permanecía detenido en permisos, litigios o ausencia de cierre financiero.

La pregunta relevante para los tomadores de decisión no es si el Atlántico avanza.

Está claro que sí. La pregunta es qué revela ese avance sobre el resto del sistema.

Un país con 3.001 MW instalados pero con el reloj corriendo

Colombia suma hoy 3.001 MW en operación o pruebas en proyectos renovables de mediana y gran escala, además de más de 1.200 MW en recursos distribuidos — paneles solares en techos, sistemas comunitarios. En términos absolutos, la transición avanza.

En términos relativos, el ritmo no alcanza.

De los 5.843 MW en desarrollo registrados en el país, solo una fracción está próxima a iniciar construcción. El resto enfrenta uno o varios de los mismos obstáculos: sin cierre financiero, atrapados en trámites de licenciamiento ambiental, bloqueados por consultas previas o por disputas territoriales sin resolver.

El gremio SER Colombia — que reúne a los desarrolladores de energía renovable — advierte que, para evitar un déficit estructural en el suministro eléctrico hacia 2027, Colombia necesita incorporar al menos 6.000 MW adicionales en los próximos cinco años. Eso equivale a inversiones cercanas a los 5.000 millones de dólares. Con el ritmo actual de aprobaciones y trámites, ese nivel de expansión no está garantizado.

La presidenta de SER Colombia, Alexandra Hernández, lo formula en términos directos: el avance es real, pero si no se resuelven los cuellos de botella regulatorios y financieros, el ritmo no será suficiente para garantizar seguridad energética y competitividad en los próximos años.

La paradoja de La Guajira

El contraste más revelador de la transición energética colombiana no está en los números del Atlántico. Está en el silencio de La Guajira.

El departamento tiene condiciones de viento entre las mejores del continente — una ventaja comparativa que muy pocos territorios del mundo pueden igualar. Sin embargo, su capacidad instalada está muy por debajo de su potencial. La razón:

la imposibilidad de construir líneas de transmisión en los tiempos previstos, sumada a conflictos sociales no resueltos con comunidades que exigen mejores condiciones de participación en los proyectos.

La Guajira ilustra un problema sistémico: Colombia tiene recursos naturales suficientes para ser una potencia renovable regional, pero la infraestructura institucional — permisos, consultas, transmisión — no está diseñada para operar a la velocidad que exige la transición.

El Atlántico, por contraste, ha logrado sortear parcialmente esos bloqueos. No porque sea un caso excepcional de gestión pública, sino porque la combinación de su geografía, su tejido empresarial y su menor conflictividad territorial creó condiciones más favorables para la ejecución.

El Caribe como bloque estratégico

El liderazgo del Atlántico no ocurre en aislamiento. Cesar, Córdoba y Magdalena también registran avances en proyectos solares y en la preparación de nuevos parques. En conjunto, la región Caribe se ha convertido en el principal polo de la transición energética colombiana.

Esto tiene una lectura estratégica que va más allá del orgullo regional: el Caribe está actuando como amortiguador del sistema eléctrico nacional. Si el interior del país sigue acumulando retrasos, será la costa quien aporte la capacidad renovable que evite los apagones o las alzas tarifarias que proyectan los analistas para el período 2027–2030.

Esa posición tiene valor, pero también tiene un límite. El Caribe no puede compensar indefinidamente las fallas estructurales del modelo de aprobación y financiamiento que frena los proyectos en otras regiones.

Hay un dato que debería llamar la atención de los reguladores: el 96% de los colombianos apoya la energía solar y el 88% apoya la eólica, según encuestas citadas por SER Colombia. Ese nivel de respaldo es inusual para cualquier política pública en un país tan polarizado como Colombia.

Y sin embargo, ese consenso no se ha traducido en agilización de permisos ambientales, ni en certidumbre regulatoria para los inversionistas, ni en procesos de consulta previa más eficientes.

La brecha entre la opinión pública y la capacidad institucional para ejecutar no es solo un problema administrativo. Es un problema de competitividad. Mientras Colombia dilata proyectos, otros países de la región — Chile, Brasil, México — están atrayendo capitales renovables que podrían estar llegando al Caribe o a los Llanos.

El escenario que está en juego

Si Colombia resuelve los cuellos de botella identificados, el escenario optimista es alcanzable: entre 6.586 MW y 9.500 MW adicionales en cinco años, con impacto directo en tarifas más bajas, mayor competitividad para la industria y reducción de emisiones.

Si no los resuelve, el escenario base apunta a un déficit que se manifestará primero en precios y después en confiabilidad del suministro — dos variables que golpean con más fuerza a las empresas y a los hogares de menores ingresos.

El 9° Encuentro y Feria Renovables Latam, que se realizará del 22 al 24 de abril en Barranquilla, pondrá estos datos sobre la mesa. La ciudad que lidera los números será también la sede donde el sector definirá si el país tiene voluntad política y capacidad institucional para convertir la delantera regional en una transición energética que funcione para todo el territorio.

Los 948 MW del Atlántico son un logro. También son un espejo.