Durante la polarizada coyuntura electoral de 2026, el Sistema de Medios Públicos (RTVC) abandonó su mandato constitucional de imparcialidad para operar como una
BOGOTÁ — El sostenimiento del Estado Social de Derecho requiere que los recursos públicos y las plataformas de comunicación oficiales operen bajo un estricto rigor de neutralidad. Sin embargo, la actuación de Radio Televisión Nacional de Colombia (RTVC) durante la contienda presidencial de 2026 —y en los días posteriores a la victoria de Abelardo De La Espriella— ha dejado un precedente alarmante sobre la politización de la televisión y la radio estatal.
Lejos de fungir como un garante del pluralismo informativo, el Sistema de Medios Públicos se transformó en una herramienta de confrontación ideológica directa, alineada con los intereses del gobierno saliente de Gustavo Petro y la candidatura oficialista de Iván Cepeda.
La evidencia es ineludible: RTVC cruzó la delgada línea que separa el periodismo público de la militancia activa, comprometiendo su deber ético y legal frente a los contribuyentes que financian su operación.
La artillería editorial: publicaciones bajo la lupa
El sesgo no fue sutil; fue una línea editorial sistemática. En la antesala y el epílogo de la segunda vuelta, las plataformas digitales y los noticieros de RTVC priorizaron una agenda informativa diseñada para sembrar pánico moral e institucional frente a la figura del hoy presidente electo.
Dos publicaciones recientes de RTVC Noticias ilustran esta deriva editorial:
La instrumentalización de los Derechos Humanos: La difusión del artículo "FIDH advierte que propuestas de Abelardo de la Espriella podrían poner en riesgo derechos humanos en Colombia".
Conflictos diplomáticos inducidos: La publicación del titular "Abelardo de la Espriella habría amenazado con deportación de..." dirigido a funcionarios estadounidenses.
El problema no radica en la cobertura de estos hechos, sino en el encuadre (framing) asimétrico. Mientras se amplificaban sin filtro las voces de alarma, alertas internacionales y críticas severas contra el candidato del movimiento "Defensores de la Patria", se omitía el escrutinio riguroso hacia el oficialismo, construyendo una narrativa de polarización donde el Estado mismo, a través de sus micrófonos, señalaba a De La Espriella como una amenaza democrática.
El cortocircuito legal: violación del mandato de pluralismo
La gravedad de esta postura editorial trasciende el debate periodístico para adentrarse en el terreno de las infracciones regulatorias. La Constitución Política y el andamiaje legal colombiano son taxativos respecto a los límites de los medios financiados por el Estado.

Análisis basado en la normativa vigente y directrices de la Comisión de Regulación de Comunicaciones (CRC).
Un daño institucional heredado
La gestión actual de RTVC le hace un flaco favor a la democracia colombiana. Al utilizar la infraestructura estatal para intentar frenar un proyecto político, el gobierno saliente no solo fracasó en las urnas, sino que deslegitimó a la entidad frente a la mitad del país (el 49,66% que votó por De La Espriella).
El reto para la nueva administración a partir del 7 de agosto será mayúsculo. El presidente electo heredará un sistema de medios públicos fracturado en su credibilidad y operando bajo dinámicas de trinchera. El verdadero triunfo institucional para De La Espriella no será simplemente reemplazar a los actuales directivos por alfiles de su propia ideología para revertir el sesgo hacia la derecha, sino emprender una reforma estructural que garantice la despolitización definitiva de RTVC.
Colombia necesita, con urgencia, medios de Estado que informen a la Nación, no medios de Gobierno que le hagan campaña al presidente de turno.