El Gobierno de Gustavo Petro invierte el equivalente a casi cuatro millones de dólares en una coproducción cinematográfica para reivindicar al héroe afrocolombi
El héroe que merecía otro homenaje
José Prudencio Padilla nació en Riohacha el 19 de marzo de 1784. Era afrodescendiente, guajiro, marino de élite formado en los galeones españoles, presente en la batalla de Trafalgar y artífice de la victoria naval de Maracaibo del 24 de julio de 1823, considerada la mayor batalla naval librada en aguas americanas y decisiva para la independencia de medio continente. Fue traicionado por sus propios compañeros y fusilado en la Plaza de la Constitución —hoy Plaza de Bolívar— el 2 de octubre de 1828. La Convención de la Nueva Granada rehabilitó su memoria tres años después.
Colombia tardó dos siglos en querer hacerle una película.
La Armada Nacional venía insistiendo en este proyecto desde hace cuatro años. Tocó puertas. Nadie respondió. Hasta que llegó la ministra TIC, Carina Murcia, y encontró en el proyecto algo que el Gobierno Petro sabe valorar con eficiencia singular: un símbolo.
"El proyecto es un compromiso del presidente Gustavo Petro con la historia, la cultura y el orgullo nacional." — Ministra Carina Murcia. Costo: 15.000 millones de pesos.
Los números que no cuadran
El presupuesto total de la producción asciende a 15.000 millones de pesos colombianos, equivalentes a aproximadamente 3,7 millones de dólares al cambio actual. De ese monto, el Ministerio TIC aportaría 8.000 millones —fondos públicos— y el resto correspondería a la productora privada Valencia Producciones, aliada con Stargate Studios de Los Ángeles.
Esta es la misma administración que declaró una emergencia económica, que habla de austeridad, que recorta presupuestos de salud, infraestructura y ciencia. Y que ahora destina, por "mandato presidencial", 8.000 millones de pesos del Ministerio de las Comunicaciones a financiar una película de autor.
Para contextualizar la magnitud de esa suma: según datos de la SSPD y el MVCT, un sistema de acueducto rural para una comunidad de entre 500 y 2.000 habitantes en La Guajira puede costar entre 2.000 y 5.000 millones de pesos. Con los 8.000 millones del MinTIC se podrían haber construido entre dos y cuatro acueductos rurales. En Camarones —corregimiento de Riohacha, la ciudad natal de Padilla— el acceso al agua potable sigue siendo precario. El almirante habría entendido la ironía.
Con 8.000 millones de pesos públicos se podrían construir hasta cuatro acueductos rurales en La Guajira. En cambio, se producirá una película protagonizada por un actor de Hollywood.
La pregunta incómoda del casting
Cuba Gooding Jr. ganó el Óscar en 1997 como mejor actor de reparto por Jerry Maguire. Es un actor reconocido. También es ciudadano estadounidense, nacido en el Bronx, Nueva York, hijo de padres cubanos. No tiene ninguna relación orgánica con Colombia, con La Guajira, con el Caribe colombiano, ni con la memoria afrocolombiana.
La pregunta es simple y nadie en el Gobierno parece querer responderla: ¿no hay un solo actor afrocolombiano —de Cartagena, de Barranquilla, de Quibdó, de Buenaventura— con el talento, la presencia y la legitimidad cultural para interpretar al almirante más importante de nuestra historia naval? ¿O es que el proyecto necesitaba un nombre de Hollywood para justificar su escala presupuestal y su ambición de llegar a Cannes y Berlinale?
La lógica del casting revela una contradicción profunda en el discurso del Gobierno: se reivindica al héroe afrodescendiente colombiano a través de los ojos —y el cuerpo— de un actor negro de Hollywood. Como si la grandeza de Padilla necesitara, para ser creíble ante el mundo, el sello de aprobación de los Ángeles.
Vale además señalar que Gooding Jr. llegó a Colombia en 2022 explorando oportunidades, antes de que el proyecto tomara forma oficial. La narrativa del "mandato presidencial" surgió después.
¿Quién convenció a quién, y en qué orden?
El ego, el símbolo y el clientelismo
Los gobiernos que usan la cultura como instrumento de narrativa política tienen una larga tradición en América Latina. No es un invento de Petro. Pero hay patrones que deben nombrarse con claridad cuando el dinero es público y las prioridades son escasas.
Primero: el proyecto fue bautizado como "mandato presidencial" por la ministra Murcia. Esa expresión no es inocente.
Implica que la iniciativa viene de arriba, que no pasó por un proceso de selección competitiva entre proyectos culturales, y que su priorización responde a una voluntad política —no técnica— del Ejecutivo. ¿Cuántos proyectos cinematográficos colombianos igualmente meritorios no tienen financiación porque no son un mandato presidencial?
Segundo: la producción involucra a Valencia Producciones como socio privado, y a Stargate Studios de Los Ángeles. El Estado colombiano aporta 8.000 millones y asume el riesgo de una coproducción de alto perfil. Los privados aportan 7.000 millones y se benefician del respaldo institucional, el acceso a locaciones, y la legitimidad que da el sello gubernamental para participar en festivales internacionales. ¿Quién evalúa el retorno de esta inversión para el Estado?
Tercero: la película comenzó grabaciones en febrero —en Cartagena y Villa de Leyva— y se espera estrenar el próximo año. En el país de los procesos contractuales eternos, la celeridad con que este proyecto tomó vuelo merece atención.
Los gobiernos que usan la cultura como espejo de sí mismos no rinden tributo a la historia: la instrumentalizan.
Lo que Padilla merecía en verdad
El almirante José Prudencio Padilla es, efectivamente, uno de los héroes más olvidados y más importantes de la Independencia colombiana. Su vida merece ser contada. La discriminación que sufrió en vida —y que lo llevó al paredón— merece ser denunciada. La Armada Nacional tiene razón en querer que su historia llegue al mundo.
Pero honrar a Padilla podría haber tomado formas más coherentes con su legado y su tierra. Un acueducto en Camarones llamado "José Prudencio Padilla". Una cátedra universitaria. Un fondo de becas para jóvenes afrodescendientes de La Guajira. Un programa de apoyo al cine hecho por cineastas del Caribe colombiano. O, si se quería la película, hacerla con talento colombiano en el rol protagónico y con un presupuesto que no avergonzara frente a las necesidades básicas insatisfechas de la región que lo vio nacer.
En cambio, se eligió el camino del espectáculo: actor de Hollywood, festivales internacionales, efectos especiales VFX, alfombras rojas. Una operación de imagen nacional que tiene más de relaciones públicas presidenciales que de reparación histórica genuina.
Conclusión: cuando el símbolo cuesta más que la solución
Colombia tiene una larga tradición de honrar a sus próceres en el discurso mientras los olvida en la práctica. Padilla fue fusilado por los mismos que dijo liberar. Doscientos años después, el Estado que lo rehabilita en el cine no ha podido garantizar agua potable en la tierra que lo parió.
La película puede ser magnífica. Cuba Gooding Jr. puede dar una actuación memorable. La producción puede llegar a Cannes. Ninguna de esas posibilidades invalida las preguntas que los ciudadanos y sus representantes tienen el derecho —y la obligación— de hacer:
¿Quién decidió esto y bajo qué criterios de impacto social? ¿Hay una auditoría clara del retorno de la inversión pública? ¿Por qué un actor extranjero y no uno colombiano? ¿Cuántos proyectos culturales igualmente valiosos quedaron sin financiación este año?
Un gobierno que declara emergencia económica y firma cheques de 8.000 millones para una coproducción con Hollywood no tiene un problema de visión cultural. Tiene un problema de coherencia. Y la coherencia, en tiempos de escasez, es la única moneda que no se puede devaluar.
DATOS CLAVE
▸ Presupuesto total: 15.000 millones de pesos (~USD 3,7 millones)
▸ Aporte público MinTIC: 8.000 millones de pesos
▸ Actor principal: Cuba Gooding Jr. (EE.UU., Oscar 1997)
▸ Directores: Mauricio Navas y Andrés Valencia
▸ Inicio de grabaciones: febrero 2026 (Cartagena y Villa de Leyva)
▸ Meta: festivales Cannes, Berlinale y San Sebastián
▸ Costo acueducto rural en La Guajira: entre 2.000 y 5.000 millones de pesos