Maquinarias debilitadas recurren a celebridades digitales para sostener fuerza electoral en una contienda marcada por desconfianza ciudadana. Los partidos cerra
Maquinarias debilitadas recurren a celebridades digitales para sostener fuerza electoral en una contienda marcada por desconfianza ciudadana.
Los partidos cerraron sus listas y dejaron ver un panorama electoral mezclado entre apuestas tradicionales, rostros reciclados y un grupo creciente de influencers que buscan alterar la competencia rumbo al Congreso que se instalará el 20 de julio de 2026 para un periodo legislativo completo.
La campaña que comienza será definitiva para conocer quiénes ocuparán las 290 curules del Senado y la Cámara de Representantes. Tras meses de negociaciones internas, alianzas y tensiones, las colectividades definieron mecanismos de selección que van desde consultas populares hasta acuerdos cerrados con sus direcciones nacionales.
La principal novedad fue el Pacto Histórico, que hizo dos consultas ciudadanas para integrar sus listas a Senado y Cámara. En esa jornada también escogió a Iván Cepeda como su candidato presidencial, consolidando un ejercicio de legitimación interna que marcó diferencia frente a otras organizaciones políticas.
En la mayoría de partidos prevaleció el método tradicional: repetir a sus actuales congresistas, impulsar la reelección o trasladar representantes a listas al Senado. Esta dinámica mostró continuidad, pero también cansancio en algunos sectores que perdieron figuras representativas para el próximo periodo.
Entre las salidas más significativas figura el conservador Efraín Cepeda, quien tras más de tres décadas se despide del Senado. También lo harán María Fernanda Cabal, Paloma Valencia y Paola Holguín, referentes de la oposición de derecha cuyas ausencias reconfigurarán la composición de ese bloque.
En la izquierda, la baja más comentada es la de María José Pizarro, quien aplazará su participación nacional para buscar la Alcaldía de Bogotá en 2027. Su salida deja un vacío en el sector petrista que contaba con ella para reforzar su liderazgo parlamentario.
IRRUPCIÓN DE CANDIDATOS DIGITALES
La llegada de influencers como aspirantes al Congreso llamó especialmente la atención en el cierre de listas. La estrategia se remonta a la elección sorpresiva de JP Hernández hace cuatro años, cuando superó con 190.000 votos a figuras tradicionales de la política nacional.
El Pacto Histórico impulsó esta tendencia con la postulación de Walter Rodríguez, conocido como Wally, quien logró votaciones altas en la consulta interna. A él se suman Lalis Beltrán en Bogotá y Hernán Muriel en Antioquia, todos con fuerte base digital y discurso juvenil propositivo.
El fenómeno se expandió hacia sectores de derecha. Cambio Radical, y en particular el clan Char, incluyó a Felipe “Saruma” Camargo, influencer humorista con millones de seguidores. Su presencia busca atraer voto joven en el Atlántico para reforzar la maquinaria tradicional de esa casa política.
El Partido Liberal apostó por Bitter Yeison, activista reconocido por su lucha contra las fotomultas. Aunque el candidato presidencial Abelardo De La Espriella no inscribió listas, recibe el respaldo de Alejandro Bermeo, figura digital que difunde mensajes de seguridad y orden en plataformas.
El Frente Amplio incluyó para la representación de colombianos en el exterior a Beto Coral, quien promete ser portavoz de la diáspora y de los exiliados por la violencia. Su candidatura busca tender puentes con comunidades que manifiestan sentirse distantes de la política tradicional colombiana.
La coalición Ahora Colombia, que reúne al Nuevo Liberalismo, Mira y Dignidad y Compromiso, presentó a Hannah “Miss Melindres” Escobar y a “El Profe Charles” Figueroa. Ambos mezclan activismo social, pedagogía y presencia digital, en un intento por conquistar votantes inconformes con los partidos.
BATALLA POR LAS CABEZAS DE LISTA
En las cabezas de lista también hubo movimientos relevantes. La Alianza Verde y En Marcha revivieron a Luis Eduardo Garzón, exalcalde de Bogotá, quien superó en la puja interna a Angélica Lozano y JP Hernández. Su presencia busca equilibrar las tensiones internas del partido.
Los partidos tradicionales apostaron por experiencia. Los liberales señalaron al presidente del Senado, Lidio García, como cabeza de lista. Los conservadores eligieron nuevamente a David Barguil, quien regresa como figura visible en un intento por recuperar cohesión interna y presencia territorial.
Cambio Radical sorprendió al descartar a Germán Vargas Lleras como primer renglón y optar por Carlos Fernando Motoa, senador reconocido por su oposición al gobierno. Su elección busca mantener la identidad crítica del partido sin depender exclusivamente del liderazgo histórico de Vargas.
En el Partido de la U, la jefatura quedó en manos del senador Juan Felipe Lemos, también opositor al gobierno. Su designación pretende consolidar un bloque distante del petrismo, pero sostenido en la estructura regional que caracteriza a esa organización política desde hace años.
El Centro Democrático encontró en Andrés Forero una apuesta para impulsar renovación electoral. Su rol opositor lo proyecta como figura emergente, mientras el expresidente Álvaro Uribe ocupa el puesto 25 en una lista cerrada que busca fortalecer la identidad interna del uribismo.
La izquierda estructuró su bloque en el Frente Amplio, articulado por Roy Barreras. La lista reúne dirigentes sindicales y políticos tradicionales como Gustavo García, Fabio Arias, Andrea Ángel, Domingo Ayala y Martha Alfonso, reflejando un esfuerzo por combinar militancia y representación sectorial.
La diversidad de métodos de selección y perfiles evidencia un Congreso en disputa entre experiencia, protesta digital y estructuras regionales. La presencia de influencers marca una transformación gradual del sistema político, que continúa buscando nuevas fórmulas para conectar con un electorado fragmentado.
A cuatro meses de las elecciones, los partidos afinan estrategias para conquistar un voto escéptico y altamente volátil. Serán miles de aspirantes, pero solo 290 alcanzarán un escaño en un escenario donde tradición, novedad e influencia digital competirán por equilibrar el panorama político colombiano.