Uribe perdió el control total, su partido ya no le sigue el libreto

Por Redacción Acento

El reacomodo interno dejó al Centro Democrático en una situación inédita. Desde el plebiscito de 2016 no enfrentaba un nivel de incertidumbre comparable. El Cen

Uribe perdió el control total, su partido ya no le sigue el libreto

El reacomodo interno dejó al Centro Democrático en una situación inédita. Desde el plebiscito de 2016 no enfrentaba un nivel de incertidumbre comparable.

El Centro Democrático entró en una turbulencia profunda tras la salida abrupta del precandidato Miguel Uribe Londoño, quien lideraba ampliamente las encuestas internas. Su retiro y renuncia expusieron una fractura histórica y reabrieron la pregunta incómoda sobre la capacidad de Álvaro Uribe para definir candidato presidencial.

La decisión fue un terremoto político dentro del uribismo. Uribe Londoño, padre del inmolado senador Miguel Uribe Turbay, aseguró que “dos o tres directivos” lo apartaron del proceso sin escucharlo, sin permitirle defenderse y cambiando reglas “múltiples veces durante apenas tres meses”.

Aunque aclaró que no fue excluido por el expresidente, su salida evidenció un vacío de conducción interna. Por primera vez, la colectividad articulada alrededor de la figura de Uribe no logra ordenar sus fuerzas ni cohesionar una candidatura en torno a un proyecto único y estable.

Un liderazgo que ya no ordena

La disputa entre Paloma Valencia, María Fernanda Cabal y Paola Holguín ya había tensado el ambiente, pero la exclusión del precandidato que punteaba detonó una crisis abierta. Para varios sectores, el partido dejó de funcionar como una maquinaria cohesionada detrás de su fundador.

En medio del clima de tensión, Uribe Londoño reconoció haberse reunido con Abelardo de la Espriella. Negó una adhesión, argumentando que no tenía razones para pactar porque “iba punteando todas las encuestas”. Sin embargo, no descartó alianzas futuras que reconfiguren el mapa interno.

El episodio exhibió una desalineación profunda: un expresidente intentando promover un “gran acuerdo por la democracia” frente a un precandidato expulsado que denuncia persecución interna. El trasfondo es la disputa por un electorado que ya no obedece automáticamente las directrices del uribismo tradicional.

Uribe Londoño fue contundente al afirmar: “Es absurdo pensar que quien va ganando decida retirarse a pocos días de la meta”. Señaló que no atendieron sus llamadas, no verificaron versiones y no garantizaron un procedimiento transparente para escoger al candidato presidencial uribista.

Cuestionó también que un partido “que tuvo un mártir” no haya sabido respetar su memoria ni ajustar reglas con claridad. Para sus seguidores, la forma en que fue apartado representa una ruptura con los valores que el partido decía defender desde su conformación inicial.

La renuncia irrevocable de Uribe Londoño amplificó la tormenta. Aseguró que no puede permanecer en una colectividad que, según él, irrespetó su derecho a la defensa. Para varios analistas, el gesto marca el inicio de un reacomodo mayor dentro de la derecha colombiana.

Reacomodos y dudas en la derecha

El propio Álvaro Uribe alimentó especulaciones al no descartar una alianza que incluya a De la Espriella e incluso a Sergio Fajardo bajo un acuerdo centrado en seguridad, austeridad y crecimiento económico. Su mensaje intentó calmar tensiones, pero dejó ver señales de incertidumbre estratégica.

La posibilidad de un pacto tan heterogéneo despertó dudas en sectores conservadores. Algunos líderes consideran que un acuerdo amplio podría diluir la identidad del uribismo, mientras otros ven en él una oportunidad para competir con nuevas plataformas políticas en un escenario fragmentado.

El reacomodo interno dejó al Centro Democrático en una situación inédita. Desde el plebiscito de 2016 no enfrentaba un nivel de incertidumbre comparable. Hoy, las precandidatas disputan la bandera uribista mientras un aspirante con capital propio queda por fuera del proceso formal.

La exclusión de Uribe Londoño generó un punto de inflexión. Su salida desató un debate sobre los mecanismos internos y la legitimidad de las decisiones. Para sus defensores, fue víctima de cálculos políticos; para sus detractores, una figura que desordenaba la competencia.

El expresidente intenta reordenar a sus alfiles, pero la tarea es más compleja que en ciclos anteriores. Las fracturas internas, la emergencia de liderazgos personalistas y la competencia por la derecha reducen la capacidad del fundador para imponer una hoja de ruta unificada.

En paralelo, figuras emergentes en la derecha buscan capitalizar el descontento. El nombre de De la Espriella aparece con fuerza entre sectores conservadores desalineados del uribismo tradicional, mientras otras corrientes promueven reagrupamientos más amplios con miras al próximo ciclo electoral nacional.

POLÍTICA-RIFIRRAFE ABELARDO 1La salida de Uribe Londoño también reordenó apoyos regionales. Dirigentes locales que veían en él una opción moderada quedaron sin candidato, lo que incrementó la disputa entre las precandidatas. Este vacío fortalece la idea de que el partido enfrenta una crisis estructural de representación.

Los movimientos recientes muestran un partido dividido entre mantener su identidad histórica o adaptarse a nuevas dinámicas políticas. La tensión entre continuidad y renovación atraviesa todas las conversaciones internas y alimenta la percepción de que el uribismo vive un proceso irreversible de desgaste.

La tormenta deja una conclusión preliminar: el expresidente ya no controla totalmente su plataforma política. Las facciones están dispersas y el candidato natural fue excluido por decisiones internas cuestionadas por su base. El costo de esta fractura podría sentirse en las urnas.

En un contexto de fragmentación derechista y auge de proyectos personalistas, la salida de Uribe Londoño trasciende lo coyuntural. Marca un quiebre en la capacidad del uribismo para producir un candidato competitivo bajo su lógica de disciplina y jerarquía, abriendo interrogantes rumbo a 2026.

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