La encuesta, el triunfalismo y los silencios que importan

Por Redacción Acento

La más reciente medición de Invamer reorganizó el tablero electoral, pero parte de su impacto provino de la lectura política que algunos hicieron, no necesariam

La encuesta, el triunfalismo y los silencios que importan

La más reciente medición de Invamer reorganizó el tablero electoral, pero parte de su impacto provino de la lectura política que algunos hicieron, no necesariamente de los datos en sí. Iván Cepeda, líder de la fotografía del momento, aprovechó el escenario del control político por el caso Calarcá para lanzar una frase diseñada para marcar territorio: “los candidatos del Centro Democrático no marcan más que el margen de error”. Un gesto de triunfalismo que busca instalar superioridad narrativa antes de tiempo.

Pero la encuesta tiene más sombras que certezas. El país sigue mayoritariamente inconforme: más del 60% cree que vamos por mal camino, tres de cada diez colombianos dicen haber sido víctimas de un delito en el último año y la percepción de pérdida de control territorial crece. Todo ello ocurre en medio de la implementación de la llamada “paz total”, proyecto en el que Cepeda ha tenido un rol central y cuyas consecuencias –según la opinión pública– no han mejorado la seguridad.

Tampoco mide esta fotografía la tracción territorial de figuras como Abelardo De La Espriella, quien ha conectado con un electorado que prioriza orden, claridad y autoridad. Su presencia no depende exclusivamente de la cifra nacional del mes, sino del clima emocional acumulado en el país.

En el centro del escenario, Sergio Fajardo insiste en su mantra –“para delante con Fajardo”–, cerrando puertas a alianzas con la derecha, pero sin responder de manera contundente si, ante un eventual escenario entre De La Espriella y Cepeda, apoyaría al candidato que reivindica institucionalidad o al que representa el proyecto político vigente.

Y hay un dato que altera cualquier lectura precipitada: la encuesta no refleja el peso real del enorme número de colombianos que aún no han decidido por quién votar. Ese grupo, silencioso y móvil, es el que termina decidiendo las elecciones en Colombia.

La foto fija existe, pero el país sigue moviéndose.