Estudios indican que las redes sociales no definen lo importante; los jóvenes hallan información valiosa en la familia y la educación. A medida que se acercan l
Estudios indican que las redes sociales no definen lo importante; los jóvenes hallan información valiosa en la familia y la educación.
A medida que se acercan los comicios de 2026, el crecimiento poblacional proyectado anticipa un aumento significativo de primivotantes, un segmento que podría influir de forma decisiva en el mapa político. Su relación con las instituciones, las redes sociales y el clima de polarización marcará el rumbo electoral.
Aunque los estudios sobre el impacto directo de las redes en el voto juvenil aún son limitados, las encuestas nacionales de juventud de 2021 y 2024 permiten trazar patrones. Un factor persistente es la desafección frente a la participación institucional, ligada a la percepción de que la política formal no representa sus intereses ni prioridades.
“Las juventudes no es que no participen; lo que ocurre es que existe una distancia con los espacios formales de decisión, alimentada por la falta de confianza en quienes los representan. Solo una minoría expresa credibilidad en las instituciones públicas”, explica a Acento el investigador del Observatorio Javeriano de Juventud, Mateo Ortiz.
Señala que esa brecha de confianza se combina con obstáculos para la participación. La percepción de que los políticos no toman en cuenta a los jóvenes supera el 60%, un indicador que influye en su vínculo con los procesos electorales. No obstante, se advierten signos de mayor disposición a votar y a organizarse en nuevos espacios cívicos.
La participación en los consejos de juventud es una muestra. Aunque se trata de una instancia reciente y aún poco conocida, los comicios de 2021 evidenciaron un interés creciente por postularse y votar. Si bien la abstención sigue siendo alta, se observan señales de acercamiento gradual a los mecanismos democráticos.
“Que un espacio no obligatorio y relativamente nuevo registre candidatos y electores jóvenes demuestra un cambio en la forma en que las juventudes se acercan a la participación pública. Este comportamiento debe leerse en contexto con las dificultades persistentes”, afirma Ortiz.
Otro punto en tensión es la brecha generacional entre candidatos y electores. La comunicación política tradicional suele resultar distante para los jóvenes, quienes perciben que pocas campañas reflejan sus preocupaciones. Según el investigador, esto limita la identificación con candidaturas y la percepción de beneficios concretos.
El panorama también evidencia un viraje ideológico. Estudios recientes muestran que la juventud ha transitado hacia posiciones de centroderecha, un cambio notable respecto a hace una década, cuando predominaban posturas más cercanas al centroizquierda. La opinión pública y el clima político general parecen influir en esa dirección.
“Colombia en su conjunto se ha movido hacia la derecha y las juventudes siguen esa tendencia, marcada por debates sobre seguridad, economía y un lenguaje político cada vez más polarizado. Ese giro no responde necesariamente a eventos coyunturales”, manifiesta Ortiz.
Esa polarización tiene un impacto directo en el voto joven. Las redes sociales, aunque no determinan por completo sus decisiones, amplifican discursos extremos y caricaturizan posiciones políticas, reduciendo la posibilidad de debates ponderados y afectando la forma en que los jóvenes procesan la información pública.
Las encuestas muestran que, para los jóvenes, las redes no son el lugar donde se define lo importante. La información valiosa la encuentran en la familia y en instituciones educativas. Sin embargo, usan plataformas digitales para conectarse, buscar datos y discutir temas pedagógicos, lo que abre espacios donde la política entra indirectamente.
“Existe el prejuicio de que los jóvenes creen todo lo que ven en redes, pero nuestros datos muestran lo contrario: son críticos y buscan contrastar información”, afirmó el investigador del Observatorio, enfatizando que el desafío está en cómo se comunica la política en esos entornos.
Uno de los problemas señalados es que algunos candidatos intentan acercarse al electorado joven mediante contenidos “juvenilizados” o basados en tendencias virales, como videos humorísticos o usos superficiales de inteligencia artificial. Según Ortiz, estas estrategias pueden generar rechazo más que conexión.
También considera que la clave es tratar a los jóvenes como sujetos políticos plenos: críticos, informados y con expectativas concretas sobre propuestas y beneficios. La falta de seriedad en algunos mensajes profundiza la distancia y refuerza la idea de que la política para jóvenes es una versión simplificada de la real.
En cuanto a la relación entre juventudes y el actual gobierno, la lectura es compleja. Más que un desencanto repentino, los expertos señalan que la desconexión responde a factores estructurales: baja representación, programas de corta duración y ausencia de un discurso sostenido que los priorice en la agenda pública.
El próximo gobierno tendrá tareas pendientes: materializar la Política Nacional de Juventud, estancada desde 2013; asignar recursos; y garantizar una implementación territorial que responda a necesidades específicas. Para los expertos, este será un paso indispensable para fortalecer la confianza y la participación de las juventudes.
“Sin una política nacional clara y financiada, el Estado seguirá siendo percibido como un actor distante, incapaz de garantizar derechos y acompañar procesos de desarrollo juvenil”, advirtió Ortiz, al insistir en que tomarse en serio a esta población es clave para el futuro del país.