De La Espriella, la potencia de las firmas y los límites de su proyecto presidencial

Por Redacción Acento

De La Espriella intenta exhibirse como la única candidatura construida desde una movilización ciudadana real. A menos de dos semanas del cierre para entregar ap

De La Espriella, la potencia de las firmas y los límites de su proyecto presidencial

De La Espriella intenta exhibirse como la única candidatura construida desde una movilización ciudadana real.

A menos de dos semanas del cierre para entregar apoyos ciudadanos, Abelardo De La Espriella se convirtió en el candidato con más firmas radicadas ante la Registraduría Nacional del Estado Civil. Con 4.869.407 apoyos, el abogado (hoy segundo en varias encuestas) transformó un acto administrativo en una demostración de fuerza política que busca posicionarlo como la principal figura de la oposición al gobierno de Gustavo Petro.

El evento, presentado como un “mandato del pueblo”, reunió a seguidores frente a la Registraduría y exhibió la caravana que recorrió durante doce días varias regiones del país. Para De La Espriella, no fue una entrega de firmas, sino un “acto cívico nacional” que prueba que su candidatura se sostiene sin maquinaria. Ese mensaje es, en efecto, el núcleo de su estrategia: mostrarse como un fenómeno ciudadano capaz de desafiar a los partidos tradicionales.

Pero detrás del despliegue hay una estructura cuidadosamente diseñada. Mucho antes de oficializar su aspiración, De La Espriella había construido un ecosistema digital llamado Defensores de la Patria, una red de grupos de WhatsApp con cerca de 250 integrantes cada uno, alimentados con contenido producido por el propio abogado. 

Lo que comenzó como un espacio de opinión y promoción de marca personal, incluidos ataques regulares al presidente Petro, terminó convirtiéndose en la plataforma operativa para recolectar firmas dentro y fuera del país.

Ese universo digital se expandió luego hacia liderazgos territoriales y diásporas colombianas, que replicaron el mensaje y distribuyeron kits de recolección. 

La campaña, según sus propias fuentes, encontró un relato eficaz: presentar a De La Espriella como “el verdadero uribista”, un posicionamiento dirigido a capitalizar el voto duro de derecha y llenar el vacío emocional de un sector desencantado. Ese sello ideológico fue suficiente para llenar el Movistar Arena con 17.000 personas y convertir al abogado en un referente visible de la extrema derecha en redes sociales.

POLÍTICA-ABELARDO 2Sin embargo, ese impulso tiene techo. Como señalan analistas y encuestas recientes, el electorado más radical es limitado y no garantiza competitividad en primera vuelta. Hace dos meses, la campaña entendió que debía crecer hacia el centro. De ahí el giro estratégico, pues De La Espriella suavizó el discurso, redujo la confrontación y empezó a elogiar a figuras como Sergio Fajardo y Juan Carlos Pinzón, representantes de sectores moderados. 

Es una apuesta por ampliar el espectro, aunque no sin riesgos: al moderarse, podría diluir la identidad que lo convirtió en fenómeno dentro de la derecha dura.

La entrega de firmas envía dos mensajes políticos centrales. El primero, no necesita consulta. Con más de cuatro millones de firmas, la campaña busca legitimar que su fuerza es suficiente para ir solo a primera vuelta, sin coaliciones que lo diluyan. El segundo, pretende mostrar bases propias. A diferencia de otros precandidatos de derecha que dependen de partidos o padrinos, De La Espriella intenta exhibirse como la única candidatura construida desde una movilización ciudadana real.

Pero aquí aparece el contrapeso. Las firmas, por masivas que sean, no se traducen automáticamente en votos. El antecedente de Germán Vargas Lleras es una advertencia elocuente: en 2018 entregó cinco millones de firmas y terminó con un millón de votos. Las firmas influyen en el clima político, pero no garantizan victorias electorales.

Además, De La Espriella enfrenta un escenario competitivo dentro de su propio segmento. Su principal rival no es Petro, al menos en esta fase, sino Vicky Dávila, cuya candidatura disputa el mismo electorado conservador y anti-Petro. En escenarios de voto útil, es posible que ese sector se incline por quien proyecte mayor capacidad de derrotar al oficialismo, algo que las encuestas todavía no le otorgan al abogado con claridad.

A esto se suma que las figuras moderadas que De La Espriella intenta atraer, como Fajardo o Pinzón, no parecen estar dispuestas a una alianza. Sin apoyos visibles de ese centro, la estrategia de expansión puede quedar incompleta.

Con todo, la entrega de firmas marca un hito en la contienda. De La Espriella demostró capacidad organizativa, movilización territorial y una disciplina que otras campañas no han logrado replicar. Pero su desafío real apenas comienza: convertir una maquinaria digital eficiente en un proyecto electoral amplio, competitivo y coherente. Las próximas semanas mostrarán si tiene la habilidad y la flexibilidad política para cruzar ese umbral.

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