Economía al borde: el próximo gobierno no tendrá luna de miel

Por Redacción Acento

El director de Fedesarrollo afirma que si Colombia tiene bases institucionales fuertes y un potencial de crecimiento podría duplicar su ingreso per cápita en la

Economía al borde: el próximo gobierno no tendrá luna de miel

El director de Fedesarrollo afirma que si Colombia tiene bases institucionales fuertes y un potencial de crecimiento podría duplicar su ingreso per cápita en la próxima década, ampliando la clase media y atrayendo más inversión.

Luis Fernando Mejía, director de Fedesarrollo, analiza con precisión el momento económico del país y las tensiones que hoy definen su futuro: crecimiento bajo, inflación persistente, déficit fiscal histórico, inversiones rezagadas y un mercado laboral fragmentado. Aunque reconoce riesgos inminentes, también identifica oportunidades que podrían volver a posicionar a Colombia como líder regional si logra tomar decisiones ambiciosas y sostenidas.

Según Mejía, Colombia viene creciendo por debajo de su potencial. Mientras la economía debería avanzar alrededor del 3,5% anual en condiciones normales, el país apenas alcanzó un 1,7% en 2023 y se espera que cierre 2024 entre 2,7% y 2,8%. La recuperación ha estado impulsada principalmente por un gasto público extraordinariamente alto: el déficit fiscal de este año llegará al 7,5% del PIB, el segundo más elevado de la historia reciente. Esto ha puesto más dinero en circulación y ha mejorado el consumo de los hogares, pero ha debilitado los pilares que realmente garantizan un crecimiento sostenible.

El gran ausente es la inversión. Con una tasa cercana al 17% del PIB, el país registra su nivel más bajo en dos décadas. “Una economía no puede crecer solo a punta de consumo y gasto del Gobierno”, subraya Mejía. Sin inversión, la capacidad productiva no se expande y las mejoras actuales no se sostendrán en el tiempo.

La inflación tampoco cede. Tras cinco años consecutivos por fuera de la meta del Banco de la República, volvió a repuntar y llegó a 5,51% en octubre. Dos fuerzas explican la persistencia inflacionaria: el elevado déficit fiscal, que incrementa la demanda agregada, y el fuerte aumento del salario mínimo, que presiona los costos de las empresas —sobre todo microempresas— y termina trasladándose a los precios. 

“El problema de fondo es que el Gobierno ha mantenido un déficit muy alto (estimado en 7,5% del PIB este año y 8% el próximo) y no ha enviado un mensaje de ajuste del gasto. Como en cualquier hogar o empresa, si los gastos superan consistentemente los ingresos, toca recortar. En lugar de combinar una ruta de austeridad con una reforma, el Gobierno apostó por la ley de financiamiento más ambiciosa de la historia sin ajustar el déficit. Por eso, el próximo año será inevitable un recorte del gasto y, lamentablemente, otra reforma tributaria”, sentenció.

Aun así, el peso colombiano se ha fortalecido cerca de 12% en lo corrido del año gracias a tres factores: expectativas de cambio de gobierno, ingresos récord de remesas y un flujo importante de dólares provenientes de economías ilícitas, especialmente narcotráfico y minería ilegal.

El contraste entre hogares y empresas es otro fenómeno llamativo. La confianza del consumidor ha mejorado por el dinamismo del gasto y el “efecto electoral”, mientras que la industria sigue golpeada tras tres años difíciles. El comercio, en cambio, se beneficia de la alta demanda interna. Para Mejía, la desconexión radica en el desempeño dispar de los sectores productivos.

El próximo gobierno enfrentará una realidad fiscal ineludible. “En los primeros seis meses deberá anunciar un ajuste de al menos tres puntos del PIB”, advierte. Si no lo hace, Colombia podría entrar en una crisis fiscal con efectos en cadena: pérdida de acceso a crédito, alza abrupta de tasas, depreciación del peso e inflación desbordada. El país necesita un plan creíble, gradual pero contundente, que combine recortes de gasto con medidas para reactivar la inversión. La alta tarifa de renta empresarial —la cuarta más alta del mundo— también desincentiva la actividad productiva.

La turbulencia actual también se refleja en el mercado de capitales. En 15 años, Colombia perdió el 70% de su capitalización bursátil, pasando de representar el 72% del PIB a apenas el 17%. Para Mejía, esto evidencia una falla estructural: las empresas pequeñas prácticamente no tienen cómo financiarse por fuera del sistema bancario. Sin reformas que reduzcan costos de entrada y fortalezcan instrumentos de capital de riesgo, el país seguirá desaprovechando oportunidades de emprendimiento y crecimiento.

En sectores críticos como el gas, la amenaza es aún más urgente. Con reservas desplomadas en la última década, decisiones como frenar nuevos contratos de exploración y aumentar la carga tributaria del sector han agravado el panorama. Si no se toman medidas —mejorar competitividad, reabrir exploración y agilizar licenciamientos—, Colombia podría enfrentar desabastecimiento desde 2026, especialmente bajo un fenómeno de El Niño.

A nivel regional, las brechas en crecimiento responden a la estructura productiva de cada territorio. Departamentos dependientes de sectores rezagados —como construcción, industria o minería— se han visto más afectados. Mejía insiste en que la transformación productiva regional debe acelerarse para evitar depender de un solo motor económico.

El director de Fedesarrollo es optimista sobre las oportunidades del país. “Colombia tiene instituciones sólidas, capital humano sofisticado y una ubicación estratégica en la mitad del continente”, afirma. Turbulencias políticas aparte, los inversionistas internacionales ven al país con mejores ojos que los propios colombianos. Si hay visión de largo plazo, estabilidad institucional y políticas de Estado, Colombia puede liderar nuevamente en crecimiento, empleo e innovación.

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