La OCDE reportó en su último informe que la productividad promedio por hora trabajada en 2023, basada en el PIB por hora, rondó los 70 dólares en los países mie
La OCDE reportó en su último informe que la productividad promedio por hora trabajada en 2023, basada en el PIB por hora, rondó los 70 dólares en los países miembros.
Muy lejos de ese promedio, los indicadores más actuales para Colombia evidencian que apenas se generan entre 19 y 20 dólares de PIB por hora trabajada.
Eso explica por qué, aunque muchos colombianos trabajan más de 2.200 horas al año por empleado, una de las cifras más altas de la OCDE, la productividad no acompaña.
El propio DANE, en su informe preliminar 2024 de Productividad Total de los Factores (PTF), reporta que el valor agregado aumentó en volumen 1,84% ese año.
Sin embargo, la contribución del factor laboral fue apenas marginal, con un aporte de -0,22%, mientras que el crecimiento estuvo impulsado principalmente por el capital y otros factores productivos.
Si Colombia pretende justificar incrementos generosos al salario mínimo, esos aumentos deben basarse no en retórica, sino en un salto real de productividad.
Celebrar aumentos inferiores al 1% anual, o retrocesos como los observados en 2024 en productividad laboral (DANE), carece de sustento técnico y económico.
¿Vamos a seguir apostando a jornadas largas y baja productividad? ¿O vamos a usar la evidencia, como lo haría un país serio, para impulsar reformas en educación, capital humano, competitividad, infraestructura e innovación?
Porque sin esas apuestas, una subida del salario mínimo será un balón de oxígeno para el consumo, pero una bomba de tiempo para el empleo formal y la inversión productiva.