La intención de voto para las consultas interpartidistas del 8 de marzo dibuja un escenario abierto, con un dato dominante: el 43,9% de los encuestados no sabe
Gran Consulta lidera preferencias, alto número de indecisos marca incertidumbre y Centro-Oriente junto al Caribe emergen como claves electorales.

La intención de voto para las consultas interpartidistas del 8 de marzo dibuja un escenario abierto, con un dato dominante: el 43,9% de los encuestados no sabe o no responde por cuál coalición votaría. Esa cifra, por sí sola, refleja un proceso aún en formación.
Entre quienes ya tienen una preferencia definida, la llamada Gran Consulta por Colombia concentra el 34,3% de la sumatoria total de candidatos, lo que la convierte en la coalición con mayor tracción electoral. Sin embargo, su fortaleza externa contrasta con una competencia interna fragmentada.
Dentro de esa consulta, Paloma Valencia lidera con 41,6% de los votos internos, marcando una ventaja clara frente a sus competidores. No obstante, detrás se libra una disputa cerrada entre Juan Manuel Galán con 12,2%, Juan Daniel Oviedo con 10,4% y Vicky Dávila con 10,4%.
Esa dispersión implica que, aunque Valencia encabeza con comodidad, más de la mitad del electorado interno se reparte entre otras opciones. En términos estratégicos, el resultado final dependerá de la capacidad de movilización territorial y del voto de opinión en los grandes centros urbanos.
Coaliciones con dinámicas opuestas
La Consulta de las Soluciones representa el 13,0% del total de las consultas y funciona, en la práctica, como una ratificación de liderazgo. Claudia López domina con 92,9%, mientras Leonardo Huerta apenas alcanza 7,1%, lo que convierte el proceso en una validación más que en una competencia real.
En contraste, la Consulta Frente por la Vida, que suma 8,9% del total, muestra una disputa con mayor matiz político. Daniel Quintero lidera con 68,1%, seguido por Roy Barreras con 23,0%. Aunque el margen es amplio, la diferencia deja espacio para recomposiciones.
La coexistencia de tres consultas con pesos tan distintos plantea un interrogante central: ¿cuál de estos bloques logrará trascender su base inicial y proyectarse hacia la elección presidencial? El tamaño relativo de cada consulta anticipa su capacidad de influencia posterior.
El alto porcentaje de indecisos introduce un factor adicional de incertidumbre. Casi la mitad del electorado potencial aún no define en qué consulta participar, lo que sugiere que la campaña previa al 8 de marzo será determinante para inclinar esa masa crítica.
El eje Centro-Oriente y Caribe
La ficha técnica del estudio, elaborado por Invamer, incluye 3.800 encuestas en 147 municipios, y su distribución regional permite identificar dónde se concentra el poder electoral real. El Centro-Oriente aporta 1.224 encuestas y el Caribe 864, que juntas representan el 55% de la muestra.
El Centro-Oriente, que incluye a Bogotá y municipios clave de Cundinamarca y los Santanderes, es la región con mayor peso demográfico en la medición. Allí suelen consolidarse candidaturas con fuerte arraigo urbano, perfiles técnicos o discursos de centro y centro-izquierda.
El Caribe, por su parte, ha sido históricamente decisivo por su volumen de votantes y comportamiento relativamente cohesionado. Departamentos como Atlántico, Bolívar y Córdoba pueden inclinar la balanza cuando existe una estructura política capaz de movilizar electores en bloque.
La capacidad de “poner” presidente no depende únicamente del tamaño poblacional, sino también de los niveles de participación. El Caribe, con tradición de alta movilización, puede compensar diferencias numéricas frente al Centro-Oriente mediante una votación disciplinada.
Regiones que definen desempates
El Eje Cafetero y Antioquia suman 688 encuestas en la muestra y suelen ser un fortín de tendencias de centro-derecha. En este contexto, el liderazgo de Paloma Valencia en la Gran Consulta por Colombia podría encontrar allí su base territorial más sólida.
El Pacífico, con 608 encuestas, también emerge como región estratégica. Su comportamiento electoral frecuentemente contrasta con el centro del país, lo que la convierte en terreno clave para coaliciones alternativas como el Frente por la Vida, que buscan ampliar su base.
En síntesis, el Centro-Oriente tiene la mayor capacidad estructural de incidir en la elección presidencial por su volumen demográfico capturado en la muestra. Sin embargo, el Caribe, por su peso y cohesión, puede resultar determinante en escenarios cerrados.
La definición de la Presidencia dependerá, en buena medida, de dos variables simultáneas: la capacidad de la Gran Consulta por Colombia para retener el centro del país y la habilidad de sus competidores para movilizar Caribe y Pacífico. Las consultas del 8 de marzo serán el primer termómetro real de esa disputa.