Es la economía, estúpidos

Por Cristian Verbel

Hay una escena célebre de la campaña de 1992 en Estados Unidos. En el cuartel de Bill Clinton, su estratega James Carville escribió en un tablero una frase que

Es la economía, estúpidos

Hay una escena célebre de la campaña de 1992 en Estados Unidos. En el cuartel de Bill Clinton, su estratega James Carville escribió en un tablero una frase que se volvió doctrina política: “It’s the economy, stupid”.

No era un insulto. Era una advertencia interna: no se distraigan, la gente vota con el bolsillo.

Treinta y cuatro años después, la lección sigue intacta. Y ayuda a entender el repunte de Gustavo Petro en la última medición.

El bolsillo no tiene ideología

En el debate público se discute modelo económico, ideología, reformas, narrativa. En la vida real, la ecuación es más simple:

• ¿Le subieron el ingreso?

• ¿Recibe subsidio?

• ¿Tiene transferencia?

• ¿Le mejoraron la pensión o el salario mínimo?

Si la respuesta es sí, el discurso cambia.

Petro ha aumentado el salario mínimo de forma sostenida, ha ampliado transferencias a adultos mayores, ha impulsado subsidios y ha puesto en marcha programas de acceso a tierra. No es teoría política. Es flujo de caja en hogares específicos.

Cuando un gobierno logra que sectores vulnerables o asalariados sientan mejora directa en su ingreso disponible, activa un mecanismo elemental: gratitud, defensa o al menos menor resistencia.

Eso no es de izquierda ni de derecha. Es economía política básica.

Exposición mediática permanente

Hay otro factor que suele subestimarse: presencia.

Petro ha tenido uno de los niveles de exposición mediática más altos de cualquier líder en la historia reciente del país. Intervenciones constantes, anuncios, confrontaciones públicas, redes sociales, giras internacionales, debates abiertos.

Muchos lo interpretan como improvisación o espectáculo. Puede ser. Pero también es posicionamiento. En política, invisibilidad es irrelevancia.

Mientras otros candidatos apenas comienzan a estructurar discurso, él ya ocupa el espacio.

Disciplina detrás del ruido

Existe una narrativa extendida: Petro es caótico, emocional, impredecible. Sin embargo, el patrón de los últimos meses muestra algo distinto.

• Prioriza decisiones con impacto económico directo.

• Mantiene coherencia en su base territorial.

• Sostiene agenda pública sin perder centralidad.

No es un actor que actúe sin cálculo. Puede exagerar formas, pero los movimientos estructurales —salario, transferencias, narrativa de justicia social— siguen una lógica clara.

Trabaja con método, aunque proyecte turbulencia.

La economía vuelve a ser la clave

En 1992, la economía decidió la elección en Estados Unidos. Hoy, en Colombia, la economía explica parte del repunte presidencial.

No porque el país crea que todo va bien. No porque el malestar haya desaparecido. Sino porque segmentos específicos sienten mejora concreta.

Cuando eso ocurre, el voto deja de ser abstracto.

La oposición puede insistir en discurso ideológico, en advertencias o en indignación moral. Pero mientras haya sectores que sientan ingreso adicional, el tablero se inclina.

La política se llena de discursos.

Las elecciones se definen por ingresos.

Es la economía. Y siempre lo ha sido.