El costo de vivir con más riesgo

Por Redacción Acento

En 2025, las aseguradoras desembolsaron $27,6 billones en siniestros, 8% más que el año anterior. La cifra equivale a casi el doble del presupuesto destinado po

El costo de vivir con más riesgo

Fasecolda presentó los resultados del sector asegurador 2025 y reveló mayor demanda de protección frente a crisis climática, sanitaria y fiscal.

En 2025, las aseguradoras desembolsaron $27,6 billones en siniestros, 8% más que el año anterior. La cifra equivale a casi el doble del presupuesto destinado por el Estado a sectores como agua, vivienda, cultura y deporte.


Mientras el Gobierno nacional discute reformas estructurales, el sector asegurador ya está financiando, en la práctica, una parte sustancial de la protección social y patrimonial del país.


Según Fasecolda, la industria creció 3,5% en términos reales, en un entorno de inflación de 5,1%. Lo que representa el 3,29% del PIB y un gasto per cápita de $1.150.691. No es un auge explosivo, pero sí una expansión sostenida.


Ese crecimiento no obedece a euforia económica. Es una respuesta defensiva. Los colombianos perciben mayor fragilidad: climática, sanitaria, laboral y fiscal. El seguro dejó de ser accesorio para convertirse en amortiguador.


En ese sentido, el presidente ejecutivo de Fasecolda, Gustavo Morales, señaló que el seguro no es un gasto opcional, sino una herramienta esencial para sostener la economía de las familias y las empresas.


Salud y longevidad


El ramo de salud es la evidencia más clara. Pagó $3,3 billones en 2025, 21% más que en 2024. Las primas crecieron en igual proporción y ya cubren a 1,8 millones de personas, 200 mil más que un año atrás.


El trasfondo es evidente: la incertidumbre sobre la sostenibilidad del sistema obligatorio empuja a los hogares hacia coberturas complementarias. No es solo prevención médica, es cobertura frente a un modelo en debate.


En seguros de vida individual, las primas ascendieron a $1,8 billones, con crecimiento de 14%. La transición demográfica acelera la demanda. Más longevidad implica más planificación patrimonial y mayor presión sobre ingresos futuros.


El sector ha respondido con productos para adultos mayores y esquemas de largo plazo. Sin embargo, esa innovación ocurre en un entorno regulatorio incierto, con la reforma pensional en pausa mientras la Corte Constitucional revisa su alcance.


En Seguridad Social, el seguro previsional protegió a más de 8,19 millones de personas. Se pagaron 12.075 reclamaciones por $4,3 billones. Las rentas vitalicias sumaron 148.334 pensionados y reservas acumuladas por $58,7 billones.


Estas cifras muestran que el aseguramiento no es marginal dentro del sistema pensional. Es un actor estructural. Cualquier ajuste normativo impacta directamente balances empresariales y estabilidad futura de millones de afiliados.


Riesgo climático y patrimonio en tensión


En autos, el panorama fue más estable. Las indemnizaciones alcanzaron $3,48 billones, con leve reducción frente a 2024. Hubo más vehículos asegurados, pero accidentes menos severos.


El SOAT, en cambio, revela tensiones. Pagó $2,78 billones y atendió más de 851 mil víctimas. Las muertes por siniestros viales ascendieron a 8.697, 5,15% más que en 2024.


Además del drama humano, persiste el fraude: cobros duplicados, IPS ficticias y sobrecostos. El seguro obligatorio financia al sistema de salud y a la seguridad vial, pero su sostenibilidad depende de control efectivo.


En propiedad e ingeniería, el año fue crítico. El sismo de magnitud 6,5 en Paratebueno dejó pagos cercanos a $62.100 millones. Más de 4.700 eventos afectaron 869 municipios.


Hoy existen 2,6 millones de propiedades aseguradas, con valor protegido de $2.432 billones, casi 1,5 veces el PIB. La brecha sigue siendo amplia, pero el avance refleja mayor conciencia frente al riesgo climático.


El Seguro Decenal cubre 787 proyectos y 112 mil viviendas nuevas. Es una señal de maduración del mercado inmobiliario, aunque su efectividad dependerá de supervisión técnica y cumplimiento en el largo plazo.


Protección social bajo presión fiscal

En riesgos laborales, 13,5 millones de trabajadores están protegidos. Las primas crecieron 11% y los siniestros pagados alcanzaron $5 billones. La expansión responde a más afiliados, no necesariamente a mayor siniestralidad estructural.


Los accidentes fatales en megaproyectos recuerdan que el crecimiento económico implica riesgos reales. El sistema actúa como red de contención, pero no reemplaza la prevención.


El seguro agropecuario pagó menos que en 2024, aunque protegió a más de 75 mil productores con apoyo estatal. La focalización hacia pequeños agricultores mejora equidad, pero reduce volumen de primas.


Todo este entramado opera bajo una carga tributaria cercana al 40%. La tasa efectiva limita capacidad de inversión y expansión. Se exige mayor cobertura social mientras se estrecha el margen financiero.


La pregunta de fondo no es si el seguro crece. Es qué modelo de protección social está emergiendo. Uno donde el Estado regula, pero el mercado asume cada vez más riesgo operativo y financiero.


En una economía expuesta a choques climáticos, incertidumbre institucional y volatilidad fiscal, el seguro se convierte en infraestructura invisible. No produce hospitales, pero financia su reconstrucción cuando fallan.


Las cifras de 2025 no celebran prosperidad. Registran vulnerabilidad administrada. El debate pendiente es si Colombia consolidará una cultura de aseguramiento o seguirá reaccionando a cada crisis con improvisación presupuestal.