Juan Daniel Oviedo advierte que el déficit fiscal es una ‘bomba de tiempo’ para 2026

Por Redacción Acento

En la antesala de la consulta presidencial del 8 de marzo, Juan Daniel Oviedo, exdirector del DANE y hoy precandidato, conversó con Acento Colombia y plantea qu

Juan Daniel Oviedo advierte que el déficit fiscal es una ‘bomba de tiempo’ para 2026

El exdirector del Dane se presenta como alternativa “ni petrista ni antipetrista”, con un mensaje de menor ruido.


En la antesala de la consulta presidencial del 8 de marzo, Juan Daniel Oviedo, exdirector del DANE y hoy precandidato, conversó con Acento Colombia y plantea que el país enfrenta contradicciones económicas que podrían estallar después de 2026 si no se corrige el rumbo fiscal y productivo. 

Su diagnóstico parte de una alerta, y es que el Gobierno incumplió la meta de recaudo y el déficit fiscal se ha convertido en una ‘bomba de tiempo’ que hoy se usa como herramienta política, pero que mañana puede cerrar el espacio para la inversión pública.

Según Oviedo, el impacto inmediato del desbalance fiscal es menos visible que su efecto de mediano plazo. “Un gobierno que gasta más de lo que recibe termina debilitando su credibilidad ante los mercados”, advierte. En su lectura, el aumento del gasto se ha concentrado más en nómina que en infraestructura, lo que reduce la capacidad estatal de apalancar inversión privada. “No hemos visto grandes obras consolidadas con el Presupuesto General en estos años, pero sí un crecimiento abrupto del empleo público”, sostiene.

Para el precandidato, el déficit hoy opera como una respuesta populista a una realidad social innegable: el 44% de los hogares asegura que sus ingresos no son suficientes para vivir. En ese contexto, endeudarse para cumplir promesas sociales puede resultar políticamente rentable. El problema, dice, es “empeñar el futuro” y arriesgar un entorno país más costoso en crédito y más adverso para la inversión.

Refiere que aunque la inversión extranjera directa cae y la productividad no despega, la confianza del consumidor repuntó con fuerza. Oviedo lo explica así: “En Colombia cuando hay plata nadie pregunta de dónde viene”. Señala tres fuentes de liquidez: contratación pública vía prestación de servicios, remesas y flujos asociados a contrabando. El consumo crece, pero no necesariamente la base productiva.

El auge de las remesas, que ya superan la inversión extranjera, es para él, un arma de doble filo. Reconoce el esfuerzo de los 4,7 millones de colombianos en el exterior, pero advierte que esa “plata fácil” puede generar desaliento laboral y reforzar la informalidad si no existen incentivos para ahorrar o invertir. 

El problema estructural, insiste, es la informalidad. Con un 56% de ocupados en esa condición y cerca de un tercio del PIB producido fuera de la formalidad, Colombia corre el riesgo de perpetuar un “bucle de pobreza”: millones trabajan para seguir siendo pobres. 

La cultura del rebusque llegó a su límite. “Necesitamos hacer visible lo invisible”, afirma, en referencia a integrar esa economía a esquemas formales con apoyo estatal y empresarial.

En materia de inversión extranjera, Oviedo identifica una segunda “mina”: la inseguridad energética. Recuerda que históricamente el grueso de la inversión extranjera directa provino del sector minero-energético y de servicios. Su fórmula pasa por un nuevo régimen de incentivos para exploración y explotación de hidrocarburos y minería, bajo estándares ambientales y protección jurídica a la inversión. 

Con el empresariado local propone un “gobierno de estabilización”: menos confrontación retórica y más cooperación. Reconoce que el salario mínimo subió 23% y que la reforma laboral implica sobrecostos, pero descarta reversarlos. La alternativa sería usar recursos del presupuesto, y no solo del empleador, para compensar parte de esos costos vía subsidio familiar y promover formalización. “No es arrodillarse ante el sector privado, es entender la realidad: solo 4.000 empresas grandes generan casi 4 millones de empleos”, argumenta.

En salud, Oviedo sostiene que el país fue víctima de una narrativa generalizada sobre corrupción en las EPS que terminó justificando un desmontaje abrupto. Reconoce fallas y escándalos, pero considera que la solución no era “quemar la fábrica”, sino corregir controles. La urgencia, dice, es restablecer capacidad operativa y confianza en un sistema que no admite espera.

Su visión de largo plazo combina educación técnica flexible, impulso al BPO y servicios tecnológicos, modernización del campo y una apuesta decidida por explotar recursos naturales con innovación ambiental. 

Finalmente, en clave territorial, propone descentralización con capacidades. Respaldó el referendo de autonomía fiscal y plantea fortalecer equipos técnicos en departamentos como Caquetá para que piensen su propio desarrollo. “No basta con repartir funciones; hay que crear músculo local”, dice. Su metáfora de “lipoescultura” estatal resume la idea: recortar grasa burocrática en el centro y fortalecer músculo en regiones.

En la víspera de la consulta, Oviedo se presenta como alternativa “ni petrista ni antipetrista”, con un mensaje de menor ruido y más ejecución. Su tesis central es clara: sin disciplina fiscal, inversión productiva y formalización, el país puede celebrar consumo hoy y pagar ajuste mañana.