Sesenta años después de su muerte en combate, los restos del sacerdote y sociólogo Camilo Torres Restrepo podrían encontrar por fin un lugar definitivo de desca
Según el informe técnico preliminar, los restos recuperados coinciden en edad, sexo biológico, talla y contextura con los datos biográficos del sacerdote.
Sesenta años después de su muerte en combate, los restos del sacerdote y sociólogo Camilo Torres Restrepo podrían encontrar por fin un lugar definitivo de descanso. La Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD) confirmó que un cuerpo exhumado en Bucaramanga presenta coincidencias morfológicas y traumáticas con el perfil del religioso que en 1966 dejó la sotana para integrarse al Ejército de Liberación Nacional (Eln).
El hallazgo, fechado el 19 de junio de 2024, marca un avance decisivo en uno de los enigmas más persistentes del conflicto colombiano: el paradero del cuerpo de quien fue cofundador de la Facultad de Sociología de la Universidad Nacional de Colombia y figura emblemática de la izquierda latinoamericana.
La evidencia forense
Según el informe técnico preliminar, los restos recuperados coinciden en edad, sexo biológico, talla y contextura con los datos biográficos de Torres. Pero el elemento más contundente surgió al contrastar las lesiones descritas tras su muerte, ocurrida el 15 de febrero de 1966 en Patio Cemento (Santander), con los traumatismos óseos identificados en el análisis reciente.
Para blindar científicamente la identificación, la UBPD exhumó en diciembre de 2024 restos de familiares con el fin de realizar cotejos genéticos. Las muestras fueron procesadas en laboratorios certificados en Colombia, incluido el Instituto Nacional de Medicina Legal, y posteriormente enviadas a un laboratorio especializado en Estados Unidos. Aunque la entidad advirtió que aún espera resultados finales para emitir un informe integral, reconoció que la convergencia entre documentos históricos, testimonios y hallazgos físicos ofrece una alta consistencia.
Más allá del rigor técnico, el anuncio tiene una dimensión simbólica: Isabel Restrepo, madre del sacerdote, dedicó su vida a buscar el cuerpo de su hijo, convirtiéndose en una de las primeras mujeres buscadoras del país. El eventual cierre de esta búsqueda representa también un acto de reparación histórica.
De académico a insurgente
El peso del hallazgo no puede desligarse de la figura que encarnan esos restos. Torres nació en 1929 en el seno de una familia liberal bogotana y fue ordenado sacerdote tras formarse en Bélgica. Su paso por la Universidad de Lovaina y su contacto con corrientes de la Democracia Cristiana moldearon una visión política basada en la “eficacia del amor al prójimo” a través de la acción social.
En 1959, junto a Orlando Fals Borda, fundó la Facultad de Sociología en la Universidad Nacional. Su apuesta inicial fue articular un movimiento amplio de oposición legal —el Frente Unido— que integrara sectores populares y progresistas. Sin embargo, en 1965 decidió ingresar al ELN, convencido de que la vía armada era el camino para transformar una sociedad que consideraba cerrada a reformas estructurales.
Su muerte en su primer combate alimentó la mística del “cura guerrillero”. El entonces comandante de la Quinta Brigada, Álvaro Valencia Tovar, relató años después que el Ejército ocultó el lugar de inhumación para evitar que la tumba se convirtiera en santuario político. Esa decisión prolongó durante décadas la incertidumbre familiar y alimentó teorías sobre el destino de sus restos.
Controversia en el campus
Mientras la ciencia avanza en la confirmación definitiva, la memoria de Torres vuelve a dividir opiniones. La Universidad Nacional anunció la adecuación de un osario en la Capilla Cristo Maestro, en Bogotá, para albergar los restos una vez concluya el proceso. La iniciativa ha sido defendida como un reconocimiento a su legado académico y pastoral, pero sectores críticos la consideran un homenaje inapropiado en un espacio público a quien integró un grupo armado ilegal.
La UBPD aclaró que, pese a que el lugar esté listo para la conmemoración de los 60 años de su muerte, la entrega del cuerpo solo procederá tras el informe final y con la decisión expresa del familiar acreditado como buscador.
El juicio del presente
El debate trasciende la identificación forense. La guerrilla a la que Torres se unió atraviesa hoy cuestionamientos sobre su vigencia y prácticas. Para algunos historiadores, el ELN actual dista del idealismo que marcó los años sesenta. Así, la pregunta sobre el sentido de su sacrificio reaparece en un país que sigue lidiando con las heridas del conflicto armado.
La inminente confirmación científica podría cerrar el capítulo físico de la desaparición, pero no el debate sobre su legado. Para unos, Camilo Torres simboliza la coherencia radical entre fe y compromiso social; para otros, representa la deriva trágica de una generación que optó por la violencia en nombre del cambio.
Seis décadas después, la historia parece ofrecer una respuesta tangible al misterio de sus restos. Sin embargo, el significado político y moral de su vida continúa siendo materia de discusión. Para su familia, al menos, la espera de medio siglo estaría por terminar; para Colombia, el examen de su memoria sigue abierto.