La inversión cae a su nivel más bajo en dos décadas y pone techo al crecimiento de Colombia
El crecimiento económico de Colombia volvió a ubicarse por debajo de las expectativas. Según el análisis de Luis Fernando Mejía, director de Lumen Economic Intelligence y exdirector de Fedesarrollo, la economía registró una expansión de 2,3 % en el último trimestre y cerró 2025 con un crecimiento de 2,6 %, por debajo del 2,8 % que anticipaba el mercado.
Pero la cifra que enciende las alarmas no es el crecimiento sino la inversión.
De acuerdo con Mejía, la formación bruta de capital fijo cayó 2,9 % en el último trimestre y se ubicó en apenas 16 % del PIB, el nivel más bajo en veinte años. El dato, con base en cifras del DANE y cálculos de Lumen Economic Intelligence, confirma una tendencia descendente que se ha profundizado desde 2020 y que no ha logrado revertirse.
El contraste es evidente. Entre 2005 y 2015, la tasa de inversión se movía en un rango entre 21 % y 24 % del PIB. En 2007 alcanzó 24,1 % y en 2015 llegó a 23,4 %. Hoy está ocho puntos por debajo de esos máximos.
Para Mejía, el problema es estructural. Colombia necesita elevar su tasa de inversión por encima del 20 % del PIB si aspira a crecer de forma sostenida por encima del 3 % anual. De lo contrario, el país quedará atrapado en una senda de bajo crecimiento, insuficiente para cerrar brechas sociales, generar empleo de calidad y sostener un proceso robusto de desarrollo económico.
La relación es directa: sin inversión no hay aumento de productividad, ni ampliación de capacidad instalada, ni modernización tecnológica. Y sin esos elementos, el crecimiento potencial se reduce.
El dato de 16 % no solo refleja una caída coyuntural, sino un debilitamiento del clima de inversión. Incertidumbre regulatoria, menor ejecución de proyectos, desaceleración del sector constructor y menor dinamismo empresarial inciden en la cifra.
El impacto trasciende el corto plazo. Una economía que invierte menos hoy compromete su capacidad de crecimiento mañana. El efecto no se siente únicamente en el PIB, sino en el empleo formal, en los ingresos fiscales y en la sostenibilidad de las finanzas públicas.
El mensaje de Mejía es claro: el debate económico no puede centrarse únicamente en la cifra de crecimiento anual. El foco debe estar en recuperar la inversión privada y pública como proporción del PIB. Sin ese ajuste, Colombia difícilmente superará el umbral del 3 % de expansión anual.
La economía crece, pero sin fuerza suficiente. Y la inversión —motor silencioso del desarrollo— está en su punto más débil en dos décadas.