Salario mínimo en $2 millones: el mensaje de Petro que inquieta al empresariado y la apuesta del Gobierno por un “pacto social”
El presidente Gustavo Petro volvió a poner el salario mínimo en el centro del debate nacional. Tras el reciente incremento que lo llevó a 2 millones de pesos, el mandatario lanzó un mensaje directo al sector empresarial: o se construye un “pacto social” alrededor de mejores ingresos y productividad, o el país se enfrentará a tensiones sociales más profundas.
La advertencia no pasó inadvertida. En un contexto de desaceleración económica, inflación aún sensible y presiones sobre el empleo formal, el llamado presidencial fue leído por algunos gremios como una señal de confrontación, más que de concertación.
Días antes, el ministro del Interior, Armando Benedetti, había despejado cualquier duda sobre la postura del Ejecutivo: el salario mínimo continuará en 2 millones de pesos y no habrá marcha atrás. Según explicó, el Gobierno considera que el aumento es una decisión estructural para recomponer el poder adquisitivo de los trabajadores y dinamizar la demanda interna.
El Presidente ha insistido en que el incremento no debe verse como una amenaza, sino como una oportunidad para reordenar el modelo económico. En su visión, mayores ingresos impulsan el consumo, fortalecen la economía popular y corrigen lo que denomina un rezago histórico frente al costo real de vida.
Sin embargo, en el sector productivo persisten interrogantes. Empresarios advierten que el ajuste, sumado a cargas laborales y tributarias previas, incrementa los costos de operación en un momento de márgenes estrechos. La preocupación se concentra especialmente en pequeñas y medianas empresas, así como en sectores intensivos en mano de obra.
El Gobierno, por su parte, sostiene que el debate no puede reducirse a costos empresariales. Petro ha planteado que el país necesita una transformación productiva que aumente la productividad y distribuya mejor la riqueza. De allí su llamado a un pacto que involucre empresarios, trabajadores y Estado.
El trasfondo es más amplio que el salario mínimo. Se trata de la tensión entre dos visiones económicas: una que prioriza la competitividad vía costos y otra que apuesta por elevar ingresos como motor de crecimiento. El Ejecutivo insiste en que el camino no es el enfrentamiento, sino la concertación; pero el tono de los mensajes ha generado inquietud en algunos sectores privados.
En todo caso, el anuncio de Benedetti confirma que la decisión está tomada. El salario mínimo de 2 millones será la base sobre la cual se construirá la discusión económica de los próximos meses.
Lo que viene ahora es determinar si el “pacto social” será una mesa de acuerdos con reglas claras o si el debate derivará en mayor polarización entre Gobierno y empresarios. El desenlace no solo impactará la agenda laboral, sino el clima de inversión y la estabilidad económica en un año políticamente decisivo.