Consulta sin Iván Cepeda, disputa abierta

Por Redacción Acento

La exclusión de Iván Cepeda sacude al progresismo y convierte a Roy Barreras en epicentro de una disputa política, estratégica y simbólica.

Consulta sin Iván Cepeda, disputa abierta

La exclusión de Iván Cepeda sacude al progresismo y convierte a Roy Barreras en epicentro de una disputa política, estratégica y simbólica.

En política, las derrotas no siempre se miden en votos. A veces se miden en silencios. La decisión del CNE de sacar a Iván Cepeda de la consulta de marzo dejó uno de esos silencios incómodos que alteran equilibrios internos antes de la campaña.


La exclusión de Iván Cepeda de la consulta del Frente por la Vida no es solo un revés jurídico. Es un golpe político que redistribuye protagonismos dentro de la izquierda y expone tensiones que el discurso de unidad había logrado contener, pero no resolver.


Para Cepeda, la decisión del Consejo Nacional Electoral (CNE) es un trago amargo. Pierde vitrina electoral, capacidad de movilización y una oportunidad clave para medir fuerzas antes de la primera vuelta presidencial.


La lectura va más allá del tarjetón. Al no estar en la consulta del 8 de marzo, Cepeda queda por fuera del momento de mayor exposición política del progresismo en el primer semestre del año, justo cuando se alinean campañas presidenciales y legislativas.


El contraste es evidente. Roy Barreras emerge como el principal beneficiario. Aunque sus cifras en encuestas siguen siendo modestas (2%), la ausencia de Cepeda lo deja como figura central de la consulta, con todo lo que eso implica en visibilidad y capacidad de negociación.


Barreras no despega en intención de voto, pero gana centralidad política. En un escenario fragmentado, ese capital puede ser más valioso que unos puntos porcentuales tempranos.


En cambio, Cepeda ve debilitada una fortaleza que había construido en 2025: el respaldo obtenido en la consulta del Pacto Histórico, cuando derrotó a Carolina Corcho. Ese impulso se diluye al quedar fuera del nuevo ciclo electoral.


El efecto Barreras


Sin Cepeda, el foco de la consulta se desplaza. Barreras pasa de actor secundario a eje de la discusión, incluso entre quienes cuestionan su legitimidad dentro del progresismo.


Ese reposicionamiento ocurre en un momento político sensible. El reciente giro en el tono del presidente Gustavo Petro tras su encuentro con Donald Trump abrió un espacio incómodo para los sectores más duros de la izquierda.


Cepeda, crítico acérrimo de Estados Unidos, queda atrapado en una coyuntura que no controla. Barreras, más pragmático, parece moverse con mayor comodidad en un escenario de moderación discursiva.


La pregunta que empieza a circular en voz baja es inevitable: ¿quién interpreta mejor el nuevo clima político del petrismo? La exclusión de Cepeda, voluntaria o no, reaviva ese debate.


Además, la ausencia en la consulta puede tener efectos colaterales en el Congreso. Parte del voto que se moviliza para las legislativas suele alinearse con los presidenciables visibles. No estar en el tarjetón implica perder arrastre político.


La fractura expuesta


La reacción del Pacto Histórico fue inmediata y dura. Voces como la de Susana Muhammad (exministra de Medio Ambiente) cuestionaron la lógica política de mantener una consulta sin el candidato mejor posicionado en las encuestas.


Si Barreras insiste en seguir, estaría asumiendo la responsabilidad histórica de dividir fuerzas en lugar de consolidarlas. La crítica no es jurídica, es estratégica.


El precandidato Camilo Romero fue aún más explícito. Al afirmar que Barreras no representa el progresismo, puso sobre la mesa un debate de fondo: quién tiene legitimidad para encarnar el proyecto político más allá de las reglas formales.


Barreras respondió con una mezcla de desafío y cálculo. Rechazó retirarse, apeló a su trayectoria y denunció la idea de ser notificado “por los medios” de su salida de la política.


Más que una defensa personal, su postura revela una lectura distinta del momento. Para Barreras, abandonar la consulta sería regalarle el escenario a la derecha y permitir una victoria por ausencia.


Una consulta en disputa


La propuesta de Barreras de ampliar la consulta con nuevos nombres busca resolver dos problemas a la vez, busca fortalecer el tarjetón y diluir la idea de que se trata de una consulta hecha a su medida.


El llamado a sumar mujeres progresistas y figuras históricas apunta a recomponer legitimidad, pero el reloj juega en contra. El plazo para inscripciones se agota y las decisiones deben tomarse bajo presión.


El discurso final de Barreras es revelador. Más que insistir en la consulta como mecanismo presidencial, pone el acento en las listas al Congreso. El verdadero botín del 8 de marzo podría no ser la candidatura, sino la correlación de fuerzas legislativas.


Ahí se entiende mejor la disputa. No es solo quién encabeza la izquierda en la presidencial, sino quién define el poder interno del progresismo en el próximo Congreso.


La exclusión de Cepeda dejó al descubierto una verdad incómoda: la unidad de la izquierda es más frágil de lo que su retórica admite. Las reglas electorales solo aceleraron una tensión que ya estaba ahí.


En ese escenario, la consulta del Frente por la Vida ya no es un simple trámite. Se convirtió en un campo de disputa simbólica, estratégica y de poder, cuyos efectos se sentirán mucho más allá del 8 de marzo.