Plataformas digitales: innovación sin derechos sigue ganando

Por Redacción Acento

La economía de plataformas prometió flexibilidad y oportunidades, pero en Colombia sigue funcionando como un experimento social sin red de seguridad, donde la t

Plataformas digitales: innovación sin derechos sigue ganando

El ranking Fairwork revela avances aislados y un modelo de plataformas que consolida precariedad laboral bajo dependencia tecnológica persistente.

La economía de plataformas prometió flexibilidad y oportunidades, pero en Colombia sigue funcionando como un experimento social sin red de seguridad, donde la tecnología avanza más rápido que los derechos que debería garantizar.


La cuarta edición del Fairwork Colombia Ratings 2025 no aporta una revelación sorpresiva, sino algo más incómodo: la confirmación de una tendencia. Desde 2021, el trabajo digital crece, se normaliza y se vuelve estructural, pero sin resolver su déficit de protección.


El informe, liderado por la Universidad del Rosario junto al Oxford Internet Institute, ofrece una mirada longitudinal que permite comparar discursos empresariales con prácticas reales. La conclusión es clara: la informalidad no es una falla temporal del modelo, sino su condición dominante.


Fairwork evalúa cinco plataformas de entrega, transporte y trabajo doméstico bajo principios básicos de equidad laboral. No se trata de estándares ambiciosos, sino de mínimos: pago justo, contratos claros, condiciones seguras, gestión transparente y representación colectiva.


El resultado incomoda a un sector acostumbrado a presentarse como motor de innovación. Solo dos plataformas obtuvieron puntajes relevantes. El resto, incluidas las más visibles y utilizadas, no logró demostrar cumplimiento en ninguno de los principios evaluados.


Hogarú lidera el ranking con 8 de 10 puntos. Su caso demuestra que no existe una incompatibilidad estructural entre plataformas digitales y derechos laborales. Salario mínimo, protección social y representación colectiva no frenaron su operación ni su escalabilidad.


Cabify, con 5 puntos, ocupa un segundo lugar más ambiguo. Acreditó ingresos promedio por hora que superan el salario vital y mostró avances contractuales. Sin embargo, su desempeño parcial revela que incluso los “mejores” aún operan en un marco incompleto.


El contraste con Rappi, Uber e InDrive es contundente. Con cero puntos, estas plataformas no aportaron evidencia verificable sobre ingresos mínimos, cobertura social o mecanismos efectivos de gestión justa. La opacidad sigue siendo una estrategia empresarial.


Dependencia tecnológica

Según testimonios recogidos por Fairwork, los costos operativos, los riesgos y la incertidumbre recaen casi por completo sobre los trabajadores. La promesa de autonomía se diluye cuando los algoritmos fijan tarifas, tiempos y sanciones sin contrapoder real.


Aquí emerge un punto clave del informe: la dependencia tecnológica. No se trata solo de usar una app para trabajar, sino de quedar subordinado a sistemas opacos que definen ingresos y continuidad laboral, sin garantías ni negociación posible.


Esta dependencia se agrava en un contexto de débil regulación. Aunque Colombia ha avanzado en debates normativos, la implementación sigue fragmentada. La ley existe, pero la vigilancia y la exigibilidad aún no alcanzan el ritmo del mercado digital.


Frente a ese vacío, la organización colectiva aparece como una de las pocas fuerzas de corrección. El crecimiento del sindicato UNIDAPP, especialmente entre repartidores, demuestra que la acción colectiva sigue siendo efectiva incluso en entornos altamente digitalizados.


Los avances logrados por presión sindical no son estructurales, pero sí reveladores. Cuando los trabajadores se organizan, el discurso de la inevitabilidad tecnológica pierde fuerza y deja ver que las reglas pueden cambiar.


Sin embargo, no todos los sectores muestran el mismo nivel de articulación. Transporte de pasajeros, cuidado, belleza y trabajo en la nube continúan con vacíos críticos de protección, ampliando una brecha silenciosa entre tipos de trabajadores digitales.


El informe advierte que sin una regulación coherente y transversal, el ecosistema de plataformas seguirá produciendo desigualdades internas. No es solo un problema laboral, sino uno de cohesión social y sostenibilidad económica.


La discusión de fondo no es si las plataformas llegaron para quedarse. Eso ya ocurrió. La pregunta relevante es bajo qué condiciones y con qué responsabilidades operan en una economía que normaliza el trabajo sin derechos.


Fairwork 2025 deja una lección incómoda pero necesaria: la innovación no es neutral. Puede ser una herramienta de inclusión o un amplificador de precariedad, dependiendo de las reglas que la gobiernen.


Mientras la informalidad siga siendo la norma y no la excepción, el trabajo digital en Colombia no representará el futuro prometido, sino una versión tecnificada de viejas desigualdades, ahora gestionadas por algoritmos.