El sacudón político que siguió a los bombardeos de Estados Unidos sobre Caracas el 3 de enero no solo marcó la caída de Nicolás Maduro y el arresto de Cilia Flo
Una figura clave es Anabel Pereira Fernández, presidenta encargada de la Fundación Patria, organismo que administra los bonos del Carnet de la Patria.
El sacudón político que siguió a los bombardeos de Estados Unidos sobre Caracas el 3 de enero no solo marcó la caída de Nicolás Maduro y el arresto de Cilia Flores. También abrió una ventana para una reconfiguración acelerada del poder. En apenas 30 días, Delcy Rodríguez, con el aval de Washington, movió las piezas clave del Estado y comenzó a desmontar, con precisión quirúrgica, el andamiaje de lealtades que sostenía al antiguo mandatario.
Los cambios no fueron menores: dos vicepresidencias sectoriales, siete ministerios, tres organismos estatales, la creación de nuevos cargos y hasta la sustitución del jefe de la Guardia de Honor Presidencial. Pero más allá del volumen, lo relevante es la dirección del reordenamiento: el poder se concentra ahora en el círculo íntimo de los hermanos Rodríguez.
El primer golpe fue contra el clan más cercano a Maduro y Flores. Cinco figuras vinculadas directamente a ese núcleo quedaron fuera. Solo sobrevivió el general Aníbal Coronado Millán, reubicado en un enroque dentro del Ministerio de Transporte. La depuración alcanzó también a 12 oficiales superiores en las regiones militares, lo que sugiere que el reacomodo apenas comienza.
El corazón económico
El movimiento más estratégico ocurrió en el tablero económico. Delcy Rodríguez reforzó las áreas donde históricamente ha construido poder: finanzas, comercio y petróleo.
El regreso de Calixto Ortega Sánchez al alto gobierno es sintomático. Aunque no volvió al Banco Central de Venezuela, asumió como vicepresidente sectorial de Economía y Finanzas y como presidente del Centro Internacional de Inversión Productiva, cargo que antes ocupaba Alex Saab. La salida del empresario colombiano, señalado como testaferro de Maduro, es una señal inequívoca: los Rodríguez desmantelan el circuito de operadores económicos del antiguo mandatario.
Ortega no es un recién llegado. Es ficha de Delcy desde 2014, cuando ella lo llevó al servicio exterior. Su retorno consolida un esquema de confianza personal en áreas críticas.
La otra figura clave es Anabel Pereira Fernández, ahora también presidenta encargada de la Fundación Patria, organismo que administra los bonos del Carnet de la Patria. Su trayectoria ha estado ligada tanto a Delcy como a Jorge Rodríguez. Ha pasado por Fogade, Sudeban y la administración financiera de la Cancillería. Su ascenso confirma que el manejo del dinero —formal y político— queda en manos del mismo círculo.
La fusión del Ministerio de Industria con Comercio Nacional, bajo Luis Antonio Villegas, completa el rediseño económico. La concentración institucional facilita control y reduce espacios para redes paralelas heredadas.
Salud, comunicación y diplomacia: las fichas de Jorge
Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, también movió sus piezas. En salud, la designación de Isabel Iturria como vicepresidenta sectorial y de Nuramy Gutiérrez como ministra implica el desplazamiento de Magaly Gutiérrez, exnuera de Cilia Flores. El mensaje es claro: el madurismo pierde influencia incluso en áreas simbólicas.
En comunicación, Freddy Ñáñez fue trasladado a Ecosocialismo y sustituido por Miguel Pérez Pirela, una figura con perfil ideológico fuerte y capacidad mediática propia. Aunque no se le asocia directamente a un clan, su nombramiento parece estratégico: reforzar la narrativa oficial en un momento de transición delicada.
En el plano internacional, el nombramiento de Félix Plasencia como representante diplomático en Estados Unidos —cargo inexistente desde 2019— revela otra prioridad: estabilizar la relación con Washington bajo nuevos términos.
¿Fin de la fragmentación o nuevo reparto?
Aunque el protagonismo lo tienen los Rodríguez, no son los únicos en el tablero. Diosdado Cabello logró colocar a tres allegados, incluida su hija Daniela Cabello en Turismo. Vladimir Padrino López también aseguró espacio para uno de los suyos. El reordenamiento, por tanto, no elimina las cuotas internas, pero redefine jerarquías.
El patrón es evidente: Delcy y Jorge Rodríguez están sustituyendo lealtades personales a Maduro por lealtades propias. No se trata solo de cambios administrativos, sino de una transición de poder dentro del chavismo.
La incógnita es si esta concentración fortalecerá la gobernabilidad o abrirá nuevas tensiones entre facciones. Por ahora, lo cierto es que el madurismo pierde terreno mientras el “rodriguismo” consolida su hegemonía.
El remezón apenas comienza. Y el Ministerio de Petróleo —aún sin titular definitivo— podría ser la próxima gran pieza en moverse en un tablero que ya no responde a las mismas manos.