Este interinato parece avanzar en una reestructuración del aparato de poder, mientras busca equilibrar dos presiones: la de Washington y la del chavismo duro. A
Este interinato parece avanzar en una reestructuración del aparato de poder, mientras busca equilibrar dos presiones: la de Washington y la del chavismo duro.
A casi un mes de la extracción de Nicolás Maduro y de su esposa Cilia Flores por parte de Estados Unidos, el poder en Miraflores atraviesa una fase inédita de reacomodo. La presidenta encargada, Delcy Rodríguez, comenzó una serie de cambios ministeriales y movimientos en áreas sensibles de seguridad que, según analistas, marcan el comienzo de un “desmontaje” progresivo del sistema construido durante casi tres décadas de chavismo bajo el mando de Maduro.
Los ajustes no se limitan a simples enroques burocráticos. Para expertos consultados, el interinato reconocido por la Casa Blanca parece avanzar en una reestructuración del aparato de poder, mientras busca equilibrar dos presiones: la de Washington, que exige transformaciones profundas, y la del chavismo duro, que observa con recelo cualquier concesión.
El movimiento más llamativo hasta ahora ha sido la salida del empresario colombiano Alex Saab del Ministerio de Industrias y Producción Nacional, apenas semanas después de haber sido designado por Maduro. Saab, pieza clave del engranaje económico madurista y protagonista de una costosa campaña internacional para lograr su liberación de una cárcel estadounidense, fue sustituido por el militar Luis Antonio Villegas.
Para el politólogo Enderson Sequera, este relevo es una señal contundente: “Delcy Rodríguez está sustituyendo figuras que respondían totalmente a Maduro por figuras de su lealtad y confianza. Prescindir de Saab tan rápido es el indicio más claro”.
Además, Saab fue desplazado de la presidencia del Centro Internacional de Inversión Productiva (CIIP), cargo que pasó a Calixto Ortega Sánchez, nuevo vicepresidente sectorial de Economía y Finanzas. Aunque el oficialismo agradeció públicamente su gestión, su apartamiento refuerza la lectura de una depuración impulsada desde fuera.
El exdirigente chavista Carlos Hurtado asocia la salida de Saab a la presión directa de Estados Unidos, especialmente tras la visita a Caracas del director de la CIA, John Ratcliffe. “Es un mensaje directo de la administración Trump. Después de la extracción de Maduro, nadie se siente seguro”, sostuvo.
Los cambios también alcanzaron carteras estratégicas. Freddy Ñáñez dejó el Ministerio de Comunicación e Información y fue desplazado de la presidencia del canal estatal VTV, puesto que ocupaba desde 2017. En su lugar fue designado Hernán Canorea, productor del programa ‘Con el Mazo Dando’, conducido por Diosdado Cabello. Miguel Ángel Pérez Pirela asumió como nuevo ministro de Comunicación.
En Salud, Nuramy Gutiérrez reemplazó a Magaly Gutiérrez, mientras que otros ajustes incluyeron el Ministerio de Transporte y Ecosocialismo. En paralelo, Delcy Rodríguez nombró a Juan Escalona como ministro del despacho de la Presidencia.
Para Hurtado, estos movimientos no responden a voluntad propia sino al “control” estadounidense. “Están desmontando y reestructurando el sistema madurista porque es la orden recibida. Eso indica que Maduro no volverá como prometieron”.
El área militar, sin embargo, es donde el reacomodo resulta más delicado. Rodríguez reemplazó al jefe de la Casa Militar y designó a Gustavo González López —exdirector del Sebin— también al frente de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (Dgcim). A esto se sumó una docena de cambios en mandos regionales de la Fuerza Armada, con renovación de comandantes Zodi y Redi en varios estados.
Según Sequera, Rodríguez gobierna “entre dos espadas”: cumplir con Washington para evitar un destino similar al de Maduro o enfrentar la reacción del chavismo más duro, encabezado por Cabello. “En medio de esa doble presión, está cooperando estrechamente con EEUU”, afirmó.
El acuerdo para la venta de petróleo a Estados Unidos, anunciado por Donald Trump, junto a excarcelaciones limitadas y deportaciones son vistos como gestos iniciales de cooperación. Sin embargo, los analistas advierten que las próximas semanas serán decisivas.
Dos pruebas clave medirán el verdadero alcance del tutelaje: qué hará Rodríguez respecto a la influencia de Rusia y China en Venezuela —un interés central de Trump— y hasta dónde avanzará en la restauración de derechos políticos y libertades civiles como señal de transición democrática.
Por ahora, el interinato parece consolidar un gabinete propio mientras evita tocar, al menos de inmediato, los bastiones de poder de Cabello en Interior y de Vladimir Padrino López en Defensa. Pero, como advierte Sequera, si Rodríguez se atreviera a mover esas piezas, sería “una señal extremadamente poderosa” de alineamiento con Washington, aunque con alto costo en la base chavista.
En este escenario, Delcy Rodríguez avanza con cautela: desmontando parte del madurismo, ganando tiempo y navegando una transición marcada más por la presión externa que por una ruptura interna voluntaria.