Zenaida Vargas Pava y el eslabón clave en el crimen de las frambuesas envenenadas

Por Redacción Acento

Esta mujer no solo insistió en que el domiciliario hiciera la entrega, sino que ofreció más dinero para garantizar que el paquete fuera recibido. El caso de las

Zenaida Vargas Pava y el eslabón clave en el crimen de las frambuesas envenenadas

Esta mujer no solo insistió en que el domiciliario hiciera la entrega, sino que ofreció más dinero para garantizar que el paquete fuera recibido.

El caso de las frambuesas envenenadas que estremeció al país en abril de 2025 sigue revelando capas inquietantes. Un testimonio de 12 páginas entregado a la Fiscalía General de la Nación por el domiciliario que transportó el paquete letal ha convertido a Zenaida Vargas Pava en una figura clave para esclarecer cómo se consumó una de las tragedias más impactantes de los últimos años: la muerte de dos menores de edad en el hogar de la familia Bedout.

Hasta ahora, la investigación se había concentrado en Zulma Guzmán Castro, señalada como la presunta autora intelectual del crimen. Sin embargo, el nuevo relato desplaza el foco hacia una fase crítica del plan: la logística de entrega y la insistencia que permitió que el paquete llegara a su destino, incluso después de haber sido rechazado en un primer intento.

El testimonio que cambia el curso del caso

Según el domiciliario, el envío fue recogido en el norte de Bogotá, en un edificio donde inicialmente preguntó por un hombre identificado como Yeison, nombre que luego fue asociado a Yeison Rosas, supuesto asesor espiritual vinculado al expediente. No obstante, quien entregó el paquete fue una mujer mayor, de apariencia formal, que pagó en efectivo y confirmó la dirección registrada en la aplicación.

Ese detalle, aparentemente rutinario, resultó determinante. La descripción física, el lugar y la forma de pago permitieron a las autoridades identificar a la mujer como Zenaida Vargas Pava, de 63 años. Desde entonces, su rol dejó de ser periférico para convertirse en una pieza central del rompecabezas judicial.

Un intento fallido… y la insistencia

El relato adquiere mayor gravedad al describir lo ocurrido en la residencia de la familia Bedout. Una menor de aproximadamente 13 años rechazó el paquete al no reconocer el envío ni a un destinatario claro. Ante la negativa, el domiciliario canceló el servicio y emprendió el regreso.

En ese punto, el crimen pudo haberse frustrado. Pero no fue así.

Cuando el mensajero ya se alejaba del lugar, recibió una llamada directa de Vargas Pava. La mujer cuestionó la entrega fallida y, al conocer las razones, le exigió regresar. No solo insistió, sino que ofreció más dinero para garantizar que el paquete fuera recibido. Esa presión telefónica, documentada en el testimonio, es uno de los elementos más comprometedores del caso.

La barrera final y el ingreso del paquete

En el segundo intento, la resistencia inicial fue superada por la intervención del celador del conjunto residencial. Al escuchar el apellido mencionado por el mensajero, el guardia dedujo que el paquete era para “Martín”, lo que llevó a que la empleada doméstica lo recibiera bajo la idea de que se trataba de un obsequio. Martín de Bedout sobrevivió al envenenamiento; sus hijas, no.

El seguimiento no terminó con la entrega. A las 6:35 de la tarde, Vargas Pava envió un mensaje para confirmar la recepción y excusarse por no haber pagado aún el dinero adicional prometido. Ese contacto posterior refuerza la hipótesis de que no se trató de una intermediación accidental ni de un simple favor logístico.

¿Conocimiento o complicidad?

La pregunta clave que ahora enfrenta la Fiscalía es si Zenaida Vargas Pava conocía el contenido letal del paquete. Determinar ese punto es crucial para establecer su responsabilidad penal. La insistencia, el pago adicional y el monitoreo posterior pueden interpretarse como indicios de conciencia del riesgo o, al menos, de una participación activa en un plan que no admitía margen de error.

En contraste, la defensa podría alegar que actuó como un eslabón instrumental sin conocimiento del veneno. Esa línea, sin embargo, se debilita frente a la reiteración de llamadas y la urgencia por concretar la entrega, incluso después de haber sido rechazada.

El caso de las frambuesas envenenadas muestra cómo una tragedia de gran magnitud no se ejecuta solo desde la autoría intelectual, sino desde una cadena de decisiones aparentemente menores: una entrega insistida, una llamada a tiempo, un guardia que deduce un destinatario. En esa cadena, Zenaida Vargas Pava emerge como el eslabón que evitó que el plan fracasara.

Mientras Zulma Guzmán Castro enfrenta el proceso judicial tras su captura provisional en el Reino Unido, el testimonio del domiciliario redefine el mapa de responsabilidades. La justicia ahora deberá determinar si Vargas Pava fue una mensajera obediente o una colaboradora consciente en un crimen que marcó a una familia y sacudió al país.

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