Iván Cepeda encabeza hoy las encuestas. Pero más allá de Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia, el verdadero desafío de su aspiración presidencial no tiene
Iván Cepeda encabeza hoy las encuestas. Pero más allá de Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia, el verdadero desafío de su aspiración presidencial no tiene nombre propio: es un cuarto del país que aún no define si quiere continuidad, corrección o ruptura. Cepeda lidera todos los escenarios de segunda vuelta, sí, pero su ventaja descansa sobre un terreno inestable. Está políticamente condicionado por un bloque de indecisos que no le otorgan adhesión, apenas expectativa; que desconfían tanto de él como de quienes lo enfrentan. Ahí se juega la disputa real de cara a mayo de 2026.
La última medición de Guarumo y Ecoanalítica, divulgada por El Tiempo, le da a Cepeda 33,6 % de intención de voto, frente a 18,2 % de De la Espriella, 6,9 % de Paloma Valencia, 4,1 % de Vicky Dávila y un pelotón fragmentado de aspirantes por debajo del 4 %. En segunda vuelta, Cepeda ganaría todos los cruces, pero con un dato estructural: alrededor del 25 % de los consultados se declara indeciso o dice que no votaría por ninguno, un volumen suficiente para cambiar cualquier resultado. Otra encuesta, de GAD3 para RCN, muestra una foto similar: Cepeda en 30 %, De la Espriella en 22 % y un resto del espectro disperso, con la sensación de un nuevo bipolo entre progresismo e hiper-derecha.
Si se analiza el contexto, la serie de decisiones del gobierno Petro —el aumento del salario mínimo por encima de las recomendaciones técnicas, la reforma “de facto” al sistema de salud, la captura de Nicolás Maduro como telón de fondo de la agenda de seguridad regional— ha terminado por convertir a Cepeda en el vehículo natural de quienes quieren prolongar el ciclo del Pacto Histórico, pero también en el canal de muchas de sus resistencias. El voto duro de la izquierda ya está adentro; la elección, sin embargo, se define en otra parte.
¿Quiénes son, entonces, “los indecisos” frente a Cepeda? No son un centro ideológico típico ni una franja moderada en el sentido tradicional. Son, sobre todo, el centro de la desconfianza. Personas que:
rechazan el discurso de ultra derecha, pero temen una profundización del experimento económico de Petro; valoran avances en participación y derechos, pero ven con inquietud el deterioro fiscal, la incertidumbre regulatoria y la erosión de algunas instituciones; no se identifican con el uribismo, pero tampoco quieren un relato refundacional del Estado.
Más que un segmento socioeconómico, son un estado de ánimo: fatiga con la polarización y miedo a perder patrimonio, estabilidad o gobernabilidad. El dato clave es que ese bloque hoy no está “en la mitad” entre Cepeda y su adversario de turno; está por fuera del panorama, mirando la partida con escepticismo.
A esa fragilidad sociopolítica se le suma una fragilidad jurídica. La campaña de Cepeda opera bajo la sombra de una eventual inhabilidad para participar en la consulta del Pacto Amplio, luego de haber ganado la consulta del Pacto Histórico en octubre de 2025. La Registraduría ya calificó aquella consulta como interpartidista; varios expertos sostienen que, en consecuencia, no podría competir en otra interpartidista en marzo. Ahora, Registraduría, Procuraduría y Contraloría han pedido al CNE pronunciarse de fondo, elevando el tema a nivel institucional.
Para el elector indeciso, esto envía dos señales contradictorias. Por un lado, refuerza la narrativa de victimización y persecución que moviliza al núcleo duro del Pacto. Por el otro, proyecta riesgo de judicialización del proceso y de inestabilidad en caso de victoria, justo lo que ese 25 % quiere evitar.
Frente a este panorama, la pregunta de fondo no es si Cepeda puede ganar —hoy los datos dicen que sí—, sino qué tendría que hacer para gobernar con un país donde más del 68% no le cree. Ese electorado no se mueve por el radicalismo ni las propuestas ideológicas, sino por tres garantías muy concretas: reglas claras, límites visibles y un horizonte económico legible para empresas, hogares e inversionistas.
Si Cepeda decide seguir hablando solo como tribuno del ciclo Petro, los indecisos seguirán viéndolo como continuidad del comunismo. Si, en cambio, comienza a enviar señales consistentes de disciplina fiscal, respeto a los contrapesos y distancia respecto de cualquier tentación hegemónica, puede convertir parte de esa desconfianza flotante en una mayoría gobernable. El riesgo es que, si no lo hace, ese 25 % termine buscando su propio “mal menor” en otra orilla del espectro.