Analista consultado por Acento advierte que acuerdos con Estados Unidos no garantizan recuperación petrolera, inversiones ni estabilidad macroeconómica inmediat
Analista consultado por Acento advierte que acuerdos con Estados Unidos no garantizan recuperación petrolera, inversiones ni estabilidad macroeconómica inmediata en Venezuela.
Ronal Rodríguez
Vocero del Observatorio de Venezuela de la Universidad del Rosario.
Venezuela necesitaría al menos dos décadas y cerca de 200.000 millones de dólares para recuperar su industria petrolera, un horizonte que contrasta con las expectativas de cambios inmediatos tras la captura de Nicolás Maduro y el eventual reacomodo de su relación económica con Estados Unidos.
Ese punto de partida limita cualquier expectativa de giro rápido en una economía golpeada por años de sanciones, contracción productiva y deterioro institucional, y sitúa el debate en torno a acuerdos pragmáticos, más que a una apertura estructural o a una recuperación sostenida en el corto plazo.
“No hay certeza sobre cuál puede ser el destino inmediato de la economía venezolana. El escenario actual parece encaminarse hacia entendimientos puntuales entre Washington y el régimen, condicionados a intereses energéticos y políticos específicos”, afirma Ronal Rodríguez, vocero del Observatorio de Venezuela de la Universidad del Rosario.
Según el experto, una eventual mejora dependerá de la capacidad del régimen para administrar la economía y alinearse con los intereses estadounidenses, un proceso que en sistemas autoritarios puede ejecutarse con rapidez, al margen de consensos políticos, controles institucionales o procesos de contratación transparentes.
Rodríguez señala que este tipo de pragmatismo no es excepcional. “Las dictaduras suelen contradecir sus propios discursos cuando buscan preservar el poder”, afirma a Acento. Recuerda que la Revolución Bolivariana ya ha abandonado postulados históricos en momentos críticos de supervivencia política.
No obstante, considera que la captura de Maduro deja una herida política reciente que dificulta justificar ante la población decisiones económicas alineadas con Washington, especialmente cuando contradicen una narrativa antiestadounidense sostenida durante más de dos décadas desde el aparato estatal.
Petróleo y límites estructurales
En el frente energético, Estados Unidos apuesta por una recuperación gradual de la industria petrolera venezolana. Aunque el analista advierte que “la industria no se recupera de un día para otro” tras años de desinversión, colapso operativo y pérdida masiva de capital humano especializado.
Para alcanzar niveles históricos de producción, Venezuela requeriría inversiones cercanas a los 200.000 millones de dólares durante más de veinte años, una magnitud incompatible con los plazos políticos del actual Gobierno estadounidense y con la fragilidad institucional del país sudamericano.
“En el mejor de los casos, si se realizan inversiones importantes este año, la producción podría aumentar entre 300.000 y 500.000 barriles diarios”, explica Rodríguez a Acento. El analista considera poco viable un salto mayor en el corto plazo por las limitaciones técnicas existentes.
El deterioro de la estatal petrolera, añade, es profundo. “El capital humano que se necesita Venezuela no lo tiene”. Destaca que la migración de ingenieros, técnicos y operadores calificados constituye uno de los principales obstáculos para cualquier plan de expansión acelerada.
Incluso bajo un escenario optimista, la producción difícilmente superaría entre 1,2 y 1,3 millones de barriles diarios en el corto plazo, muy lejos de los seis millones que el país llegó a producir antes del colapso estructural del sector energético.
Mercados, inversiones e incertidumbre
Sobre la relación con Estados Unidos y los mercados internacionales, Rodríguez considera que ya está cambiando, a partir de anuncios recientes sobre la administración de millones de barriles por parte del Gobierno estadounidense en el nuevo contexto bilateral.
Sin embargo, advierte que existe una brecha entre los anuncios políticos y su ejecución real. “Una cosa es anunciar y otra materializar”, afirma, al recordar que la operación que condujo a la captura de Maduro implicó meses de planificación y costos millonarios.
A su juicio, esos costos obligarán a Washington a evaluar cuidadosamente el balance entre inversión, riesgo político y beneficios económicos, especialmente en un contexto de competencia global por recursos energéticos y de presión fiscal interna en Estados Unidos.
En el corto plazo, el impacto sobre los mercados petroleros internacionales será limitado. “Venezuela no es hoy un gran productor. A diferencia de conflictos pasados como Irak o Afganistán, que sí alteraron de forma significativa los precios globales”.
Respecto a la inversión extranjera, el experto se muestra escéptico. “Las grandes inversiones son de largo plazo y no son garantía en regímenes dictatoriales”, afirma, pese al repunte bursátil de petroleras con experiencia previa en Venezuela.
La razón, explica, es la falta de previsibilidad política. “Todos sabemos cuándo llega una dictadura, no cuándo se va, lo que convierte cualquier inversión en una apuesta de alto riesgo, incluso bajo acuerdos coyunturales o licencias temporales”.
Aunque algunos sectores confían en que los acuerdos impulsen estabilidad macroeconómica, Rodríguez considera que ese escenario es frágil mientras no existan garantías jurídicas, alternancia política y reglas claras que reduzcan la incertidumbre estructural del país.
El experto sostiene que la captura de Maduro no modifica por sí sola los fundamentos económicos venezolanos y que la recuperación dependerá menos de anuncios políticos que de transformaciones institucionales profundas, aún ausentes en el horizonte inmediato.