El sector prevé un crecimiento sostenido en el segmento de cilindros, vital para atender usuarios rurales, así como en redes de distribución. Por Alejandro Mart
El sector prevé un crecimiento sostenido en el segmento de cilindros, vital para atender usuarios rurales, así como en redes de distribución.
Por Alejandro Martínez V.
Presidente Asociación Colombiana del GLP-GASNOVA
El panorama energético de Colombia para el año 2026 se perfila bajo una premisa ineludible: la necesidad de garantizar el abastecimiento en un entorno de alta incertidumbre. Mientras el país observa con preocupación las alertas sobre un posible déficit del 20% en la oferta de gas natural, según cifras de la Bolsa Mercantil de Colombia, el Gas Licuado del Petróleo (GLP) se consolida no solo como un respaldo, sino como un protagonista de la canasta energética nacional.
Para 2026, la hoja de ruta del sector del GLP está trazada sobre cuatro ejes que definen la competitividad y la equidad social del país: la expansión industrial, el crecimiento residencial, el robustecimiento de la infraestructura portuaria y la previsión de un comportamiento estable de los precios internacionales.
La industria colombiana enfrenta un reto de proporciones mayúsculas. Con proyecciones que sugieren altos incrementos en el gas natural importado para el sector manufacturero, el GLP emerge como la alternativa competitiva.
No es una expectativa a futuro; es una realidad que ya está ocurriendo. Durante los primeros 10 meses de 2025, el consumo de GLP a granel en el sector industrial creció un 15%, demostrando que las empresas buscan confiabilidad y eficiencia en sus procesos.
Para 2026, consideramos que esta tendencia podría acelerarse. El GLP ofrece una combustión limpia, con menores emisiones de material particulado y CO₂ frente a otros combustibles, convirtiéndose en un aliado para las empresas que buscan cumplir sus metas de descarbonización. Ante la intermitencia o el alto costo de otras fuentes, el GLP garantiza procesos continuos en sectores como el agroindustrial, el cerámico y el textil.
En el ámbito residencial, el GLP tiene un gran impacto social, al ser el servicio público domiciliario que más combate la pobreza energética. Actualmente, 3,4 millones de hogares (más de 12 millones de personas) en Colombia dependen del GLP para sus necesidades básicas de cocción. Aún persisten cerca de 1,5 millones de familias que cocinan con leña, exponiéndose a enfermedades respiratorias crónicas y fomentando la deforestación.
Nuestra proyección para 2026 incluye un crecimiento sostenido en el segmento de cilindros, vital para atender usuarios rurales, así como en redes de distribución. La red de distribución con que cuenta el país permite que municipios alejados de gasoductos accedan al servicio de GLP. La transición energética de la que tanto se habla debe pasar necesariamente por sustituir la leña por GLP.
Para sostener este crecimiento, el sector está impulsando proyectos de inversión que ya están en desarrollo. Se estima que para 2026 el país deberá importar cerca del 50 % del GLP que consume para cubrir la demanda interna.
Uno de los factores que favorece al GLP de cara a 2026 es la proyección de estabilidad en los precios internacionales, de acuerdo con las tendencias actuales del mercado. Al estar indexado principalmente al índice Mont Belvieu, el GLP colombiano mantiene una correlación directa con la abundancia de oferta en el mercado estadounidense.
Frente a la volatilidad y a los mayores precios registrados en 2025 que se prevén para el Gas Natural Licuado (GNL) en los mercados globales, el GLP ofrece una predictibilidad de costos que resulta atractiva para los usuarios.
El año 2026 será el de la consolidación del GLP como el combustible de la transición. El país cuenta con un suministro seguro del producto, se está construyendo la infraestructura de importaciones y se tiene la capacidad logística para llegar a cada rincón del país.
El GLP es un combustible que complementa la canasta energética, al ser un energético versátil y disponible de manera inmediata: es la solución a corto, mediano y largo plazo que se requiere para los actuales retos de abastecimiento. El 2026 será recordado como el año en que Colombia podría asegurar su futuro energético de la mano del GLP.