Desde la oposición se insiste en que Edmundo González debe asumir la presidencia y ser reconocido como comandante en jefe. Venezuela despertó ayer entre incredu
Desde la oposición se insiste en que Edmundo González debe asumir la presidencia y ser reconocido como comandante en jefe.
Venezuela despertó ayer entre incredulidad, miedo y desconcierto. Tras más de veinte semanas de presión política y diplomática por parte de Estados Unidos, un operativo militar ejecutado en Caracas culminó con el arresto del presidente Nicolás Maduro y de la primera dama, Cilia Flores. Un golpe que sacudió los cimientos del poder chavista y abrió una pregunta central: ¿quién gobierna ahora y cómo se reconfigura la cúpula del régimen?
La Constitución venezolana de 1999 establece que, ante un vacío de poder, corresponde a la vicepresidencia ejecutiva asumir las riendas del Ejecutivo. En este escenario, Delcy Rodríguez —figura de absoluta confianza de Maduro— emerge como la primera llamada a ocupar ese rol. En la línea de sucesión le sigue su hermano, Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional. Diosdado Cabello, considerado el verdadero hombre fuerte del chavismo, conservaría su posición como ministro del Interior y garante del engranaje político-militar.
Sin embargo, la situación dista de ser clara, porque la carta magna no contempla de manera explícita la captura de un presidente por fuerzas extranjeras como causal automática de falta absoluta. Este vacío jurídico deja abierta la interpretación entre una ausencia temporal, una usurpación del cargo o el inicio de una transición forzada, dependiendo de quién logre imponer su lectura del poder.
Delcy Rodríguez: del desconcierto al control del discurso
Durante las primeras horas posteriores al operativo, el paradero de Delcy Rodríguez fue incierto. Informes difundidos por agencias internacionales indicaron que la vicepresidenta podría encontrarse fuera del país, incluso en Rusia. Esa versión alimentó especulaciones sobre una posible fractura interna o negociaciones discretas con actores externos.
Sin embargo, horas más tarde, Rodríguez apareció desde Caracas. En una primera intervención telefónica reconoció que el gobierno desconocía el paradero de Maduro y exigió a Washington una “prueba inmediata de vida”. El mensaje marcó el tono inicial: denuncia de agresión, reclamo de soberanía y cierre de filas.
Posteriormente, ya en declaraciones públicas en televisión nacional, Rodríguez asumió un rol más activo. Calificó la captura como un “secuestro ilegal e ilegítimo”, acusó a Estados Unidos de violar la Carta de las Naciones Unidas y reiteró que “el único presidente de Venezuela es Nicolás Maduro”.
En este sentido, Rodríguez Llamó a la unidad nacional, activó el discurso histórico bolivariano y exhortó a la “fusión policial, militar y popular” para defender la integridad territorial.
Además, anunció la activación del estado de conmoción interior, una medida que militariza la vida cotidiana y consolida el control del orden público. Según Rodríguez, Maduro dejó “instrucciones claras” a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana para ejecutar todos los planes de defensa ante lo que calificó como una agresión extranjera.
¿Dónde está Diosdado?
Diosdado Cabello, considerado el número dos del chavismo y el principal garante del aparato represivo del Estado, apareció en la madrugada del sábado 3 de enero en la televisión estatal. Rodeado de militares y funcionarios de seguridad, calificó el ataque estadounidense como “criminal y terrorista” y llamó a la población a mantener la calma y no “facilitarle las cosas al enemigo invasor”, expresó, luciendo una bandera de guerra a muerte, la misma que ha usado el presidente Gustavo Petro.
Cabello pidió confiar en el alto mando político-militar y arremetió contra los organismos internacionales, a los que acusó de complicidad ante lo que describió como una masacre contra civiles. Reforzó el mensaje interno con consignas emblemáticas del régimen: “Leales siempre, traidores nunca” y “dudar es traición”.
Sin embargo, tras ese pronunciamiento matutino, Cabello no volvió a aparecer públicamente. Su silencio posterior ha alimentado interrogantes sobre su rol real en la coyuntura: si actúa como garante de la estabilidad interna, como figura de contención o como actor clave en eventuales negociaciones de poder.
El factor militar y el cierre de filas
Por su parte, el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, denunció que la operación estadounidense busca provocar un cambio de régimen y la calificó como “el ultraje más grave” de la historia reciente del país. Confirmó el despliegue total de las fuerzas militares y pidió a la población confiar en la Fuerza Armada.
En paralelo, el canciller Yván Gil y el fiscal general Tarek William Saab exigieron una condena internacional y la convocatoria urgente del Consejo de Seguridad de la ONU, denunciando víctimas civiles y una violación masiva del derecho internacional.
Desde Washington el presidente Donald Trump dejó claro que la salida forzada del mandatario chavista no implica una sucesión automática ni un traspaso inmediato del poder dentro del oficialismo. Por el contrario, aseguró que Estados Unidos asumirá un rol directo en la conducción del proceso, con el objetivo —según dijo— de garantizar una transición “segura, adecuada y sensata”.
Trump afirmó que su Gobierno ha mantenido contactos con Delcy Rodríguez y que la vicepresidenta se habría mostrado dispuesta a colaborar con Washington. No obstante, el discurso público de Rodríguez en Caracas apunta en una dirección opuesta: denuncia de agresión extranjera, desconocimiento de cualquier autoridad externa y reafirmación de la legitimidad del chavismo.