El regreso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos plantea nuevos escenarios para Venezuela.
El gobierno del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, autorizó –hace apenas unos días atrás- en secreto a la Agencia Central de Inteligencia (CIA) para ejecutar operaciones encubiertas, incluyendo acciones terrestres y letales, en Venezuela y el Caribe.
La revelación, publicada por el diario The New York Times y confirmada por fuentes oficiales estadounidenses, marca un nuevo punto de tensión en la política exterior de Washington hacia el gobierno del régimen de Nicolás Maduro, a quien considera un líder autoritario y responsable de delitos de narcotráfico, líder del Cartel de los Soles.
Actualmente, el Gobierno gringo ofrece una recompensa de 50 millones de dólares por información que conduzca a la captura de Maduro.
El informe del diario estadounidense se detalla que el Pentágono mantiene desplegados unos 10.000 soldados, en su mayoría en bases de Puerto Rico, junto con un contingente de marines en buques de asalto anfibios, ocho buques de guerra y un submarino en la zona.
La medida, conocida como ‘presidential finding’ o español hallazgo presidencial, otorga a la CIA facultades para actuar de manera unilateral o coordinada con las fuerzas militares estadounidenses en operaciones contra el gobierno venezolano.
El presidente Trump admitió que se evaluaba extender las operaciones al territorio venezolano, lo que supondría una escalada militar directa. El presidente de EE.UU. defendió la autorización secreta alegando que el régimen de Maduro representa una amenaza para la seguridad de Estados Unidos.
En declaraciones públicas, afirmó que Venezuela “vació sus cárceles hacia Estados Unidos”, en alusión a la supuesta presencia de miembros del grupo criminal Tren de Aragua en territorio norteamericano. Su administración llegó a calificar a esta organización como una estructura terrorista bajo control del gobierno venezolano, aunque una evaluación de la comunidad de inteligencia de Estados Unidos contradijo esa versión, señalando que no existían pruebas que vincularan a Maduro con el control directo de la banda.
Acelerar salida del régimen de Maduro
Meter el acelerador a la salida del poder del régimen de Maduro es el propósito de la estrategia estadounidense, diseñada con la participación del secretario de Estado Marco Rubio y del director de la CIA, John Ratcliffe.
Ratcliffe, durante su audiencia de confirmación, prometió hacer de la CIA una agencia “más agresiva y menos temerosa del riesgo”, dispuesta a ejecutar operaciones encubiertas a petición presidencial.
El gobierno de Donald Trump ya frustrado por los reiterados fracasos de la vía diplomática y por la negativa de Nicolás Maduro a abandonar el poder, optó por intensificar la presión con acciones militares y de inteligencia.
El mandatario venezolano acusó a Washington de promover una “política de agresión y hostigamiento” destinada a justificar una intervención militar. Maduro comparó la situación actual con los conflictos en Afganistán, Irak y Libia, y advirtió que Estados Unidos pretende repetir el mismo modelo de “guerras eternas” en América Latina.
Históricamente, las operaciones encubiertas de la CIA en América Latina han generado controversia. Por eso, la nueva autorización en Venezuela revive temores sobre un posible retorno de estrategias de desestabilización en el hemisferio.